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Thierry Sabine, el aventurero todoterreno

Dakar 2026 | Etapa 10 | CAMPAMENTO REFUGIO > BISHA
14 enero 2026 - 10:00 [GMT + 3]

Hace 40 años, el 14 de enero de 1986 por la tarde, a unos pocos kilómetros de Gourma Rharous, en Mali, el Dakar quedó huérfano de su creador tras el accidente del helicóptero en el que viajaba Thierry Sabine junto al cantante francés Daniel Balavoine, la periodista Nathalie Odent, el técnico de radio Jean-Paul Le Fur y el piloto François-Xavier Bagnoud. Pese a que el vivac quedó conmocionado y con la moral por los suelos, el rally llegó hasta la capital senegalesa bajo un manto de tristeza y, desde entonces, el Dakar ha seguido recorriendo distintos continentes y perpetuando su célebre lema: “que vibren los que se van, que sueñen los que se quedan”. Animado por una energía contagiosa y rebosante de ideas sobre todo tipo de aventuras, Sabine organizó muchos eventos aparte del Dakar. Alain Grosman, partícipe en la mayoría de esos proyectos y aún al mando del PCO en la 48ª edición en Arabia Saudí, y Roger Kalmanovitz, ex “ministro de asuntos exteriores” del Dakar”, dedicaron un tiempo a contarnos anécdotas sobre el ser humano al que siguieron hasta los 36 años y al que continúan recordando con cariño. Mínimo esbozo, por fuerza incompleto, de las múltiples facetas del hombre identificable en carrera por el mono blanco.

Dakar Leyendas - Thierry Sabine

PROFESOR SABINE: LA COMUNICACIÓN COMO PILAR DE LA AVENTURA
Tener una buena idea es un punto de partida inmejorable, pero lo indispensable es saber darla a conocer y hacerla brillar para sacarle provecho después. Thierry Sabine poseía un sentido innato para la comunicación, perfeccionado también en las aulas de la École Française des Attachés de Presse (EFAP). Una década después de obtener su diploma, el jefe del París-Dakar impartía clases como profesor adjunto en su antigua facultad, donde Alain Grosman era alumno entonces y, como él, presidente de la asociación de estudiantes. “El título era de relaciones públicas, pero la lección magistral de verdad que te impartía era sobre cómo ser positivo en la vida. Era más bien una clase sobre la dimensión humana”. El método Sabine se basaba precisamente en esa capacidad para aprovechar sus contactos en el mundo mediático, organizar la foto adecuada o encontrar la fórmula perfecta para causar sensación, y no tanto lo meramente llamativo como se llegó a decir en la época: “Cada vez que ponía algo en marcha, siempre podía hablar con un amigo en Europe 1, con otro en VSD para rellenar varias páginas y hale, hecho”.

ENDURO DE LE TOUQUET, EL VERDADERO LABORATORIO
Thierry Sabine aprovechaba con rapidez las oportunidades y se ocupaba sobre todo de la promoción del grupo Il était une fois, que conoció su época de gloria gracias en parte a su jefe de prensa. Además, el joven piloto empieza a distinguirse por su destreza al volante, tanto en ralis como en circuitos. A nivel profesional, el sello Sabine consiste en ir a contrapié en materia de eventos y proponer proyectos inauditos a sus clientes: atraer al público en verano a una estación de deportes de invierno como Le Corbier y, sobre todo, revitalizar fuera de temporada la estación balnearia de Le Touquet con una carrera de motos XXL sobre arena. El primer gran éxito de Sabine fue precisamente ese, la creación de la Enduro de Le Touquet, cuya edición inaugural en 1975 congregó a casi 300 motoristas. La apuesta dio sus frutos con mucha rapidez y la carrera pasó a ser una cita obligada en el mundo del todoterreno. La competición celebró sus 50 años en 2025: a mediados de febrero, más de 1000 participantes suelen tomar la salida de la prueba reina y Le Touquet acoge a más de 500.000 espectadores durante ese fin de semana de fiesta. Para una gran parte de los pilotos francés, se trata, además, de un rito iniciático antes de surcar las dunas del Dakar. Adrien Van Beveren, por ejemplo, ganó la prueba en tres ocasiones antes de consagrarse en el rally raid.

RAID BLANC, UNO MÁS DE SUS TRUCOS DE MAGIA
Thierry Sabine opera en varios frentes. Casi al mismo tiempo que arranca el Dakar, pone en marcha en 1978 la Croisière Verte, una ruta que atraviesa Francia en moto: las especiales se disputan en zonas militares, donde su colaboración con el Ejército de Tierra le permite, por ejemplo, dominar las herramientas de comunicación por radio y aprender el lenguaje que se sigue utilizando hoy en día en los canales del Dakar. Esa capacidad de saber mirar hacia varios horizontes lo acompañará en todo momento. Su pasión por la aventura no conoce límites y decide enfrentarse también a la montaña. Se le ocurre la idea del Raid Blanc para la primavera de 1985, un Dakar de las nieves que seduce de inmediato a Alain Gaymard, director de Arc Aventures. Alain Grosman recibió explicaciones sobre las grandes líneas de esta gran peripecia y se encargó de hacer realidad ese sueño inédito. “Había tramos de enlace, como en el Dakar, que había que recorrer con pieles de foca, y especiales cronometradas sobre esquíes. Yo era el coordinador, el garante del espíritu Sabine, encargado de trabajar con una treintena de guías de alta montaña ultraexperimentados, y eso siendo apenas un chaval de 24 años. Era una carrera entre estaciones de invierno, por equipos de cinco. De camino a la rueda de prensa de presentación, le expliqué los detalles técnicos a Thierry, pero, cuando tomó la palabra, no mencionó nada de eso. Empezó a hablar de «las huellas sobre la nieve son las mismas que las trazadas sobre las dunas de Ténéré», del espíritu pionero, de la aventura, etcétera, y se ganó una ovación cerrada. Era capaz de llevarse a cualquiera a su terreno; por ejemplo, en el Raid Blanc estuvieron desde la primera edición Patrick Tambay, Eric Tabarly, Florence Arthaud o Cyril Neveu”. Conforme al mismo principio, arrastró también a muchos aventureros hasta las aguas del río Níger para la carrera motonáutica entre Niamey y Bamako en zódiac. “Solo hubo una edición porque falleció”, se lamenta Grosman. “Pero habría habido más, y tenía en mente muchos proyectos como ese”.

SABINE Y LA JET SET: UN IMÁN PARA LAS ESTRELLAS
Conjugar la aventura extrema, la arena, el polvo y las conservas de sardinas con el glamur parece una ecuación imposible. Además, Thierry Sabine nunca intentó resolverla. El desafío del Dakar de 1979 iba dirigido tanto a pilotos que buscasen lo inesperado, que más adelante recibirían el sobrenombre de poireaux (“puerros”), como a campeones consagrados. Ahora bien, esta promesa de lo inédito, formulada por el aventurero más encantador y poético de la época, conquistó a mucha gente de fuera de ese círculo. “Las grandes personalidades del show business querían codearse con él y sumarse a su séquito”, recuerda Roger Kalmanovitz. “Tenía tanto carisma que los atraía sin pretenderlo. Y ocurrió todo muy rápido, además”. De hecho, la alta sociedad se apresura a inscribirse en la prueba: el París-Dakar acoge a estrellas del deporte y el espectáculo, e incluso a miembros de la realeza. La nadadora Christine Carron, el ciclista Jacques Anquetil, el príncipe Alberto de Mónaco, la actriz Chantal Nobel, el actor Claude Brasseur e incluso Mark Thatcher, hijo de la “Dama de Hierro”, entre otros, prueban suerte en un rally que, gracias a su presencia, adquiere un renombre vertiginoso. “Es verdad que era muy hábil para poner en contacto a la gente, pero no iba a buscarlos y nunca les pidió que se inscribiesen”, confirma Grosman. “Todos sabían dónde se metían y que se embarcaban en una aventura sin comodidades, pero aun así tenían ganas de venir”.

MOTORSPORT - RAID 1986 - PARIS ALGER DAKAR - PHOTO : DPPI CAR - CLAUDE BRASSEUR (FRA) / PORSCHE 959 - AMBIANCE - PORTRAIT
MOTORSPORT - RAID 1986 - PARIS ALGER DAKAR - PHOTO : DPPI CAR - CLAUDE BRASSEUR (FRA) / PORSCHE 959 - AMBIANCE - PORTRAIT © DPPI
MOTORSPORT - RAID 1985 - PARIS ALGER DAKAR - PHOTO : DPPI CAR - PRINCE ALBERT DE MONACO (MON) / MITSUBISHI PAJERO - AMBIANCE
MOTORSPORT - RAID 1985 - PARIS ALGER DAKAR - PHOTO : DPPI CAR - PRINCE ALBERT DE MONACO (MON) / MITSUBISHI PAJERO - AMBIANCE © DPPI

ENTRE BROMAS Y CARCAJADAS
Hacer las cosas en serio sin tomarse muy en serio a sí mismo también es uno de los rasgos de personalidad que suelen destacarse al recordar a Thierry Sabine. Con un caldo de cultivo tan fértil, surgían bromas de todo tipo. “Una noche, celebrábamos un cumpleaños en las oficinas de la rue des Boulainvilliers”, cuenta Grosman. “Pues bien, agarró un mapa Michelin, trazó un recorrido falso y lo dejó a la vista sobre su escritorio totalmente adrede. Uno o dos días después, ya había salido en la prensa y nos partíamos de risa”. A veces las bromas eran menos sutiles, pero al fin y al cabo tenía que dar salida a su lado de excesos: “Me acuerdo de que pintamos con nata y tarta de chocolate las paredes del centro Léonce Deprez durante una de las ediciones de la Enduro de Le Touquet. Ese tipo de cosas le hacían reír muchísimo”, evoca entre carcajadas su compañero de trastadas de entonces. “Algo parecido ocurrió una noche en su granja de Epernon, donde hacíamos los seminarios de trabajo. Tenía pistolas lanzacohetes, pero empezamos a jugar con ellas y le prendimos fuego al granero”.

MOTORSPORT - RAID 1986 - PARIS ALGER DAKAR - PHOTO : DPPI THIERRY SABINE / DAKAR ORGANISER - AMBIANCE - PORTRAIT
MOTORSPORT - RAID 1986 - PARIS ALGER DAKAR - PHOTO : DPPI THIERRY SABINE / DAKAR ORGANISER - AMBIANCE - PORTRAIT © DPPI
MOTORSPORT - RAID 1986 - PARIS ALGER DAKAR - PHOTO : DPPI - THIERRY SABINE / DAKAR ORGANISER - AMBIANCE - PORTRAIT - BRIEFING
MOTORSPORT - RAID 1986 - PARIS ALGER DAKAR - PHOTO : DPPI - THIERRY SABINE / DAKAR ORGANISER - AMBIANCE - PORTRAIT - BRIEFING © DPPI

SABINE-BALAVOINE, UNE COMPLICITÉ POUR L’ÉTERNITÉ
De todas las estrellas del Dakar, con quien mantuvo una relación más estrecha Thierry Sabine fue sin duda Daniel Balavoine. El cantautor francés participó por primera vez en el rally en 1983 y volvió después en 1985, edición en la que terminó en el 30º puesto acompañado del periodista Jean-Luc Roy al volante. Sabine y Balavoine forjaron un vínculo más fuerte si cabe al organizar juntos la operación “Paris-Dakar, Paris du cœur” para instalar bombas de agua en pueblos africanos sin acceso a agua potable. Roger Kalmanovitz da fe de la estrecha relación entre ambos: “Justo después del París-Dakar de 1985, Balavoine me invitó a su cumpleaños. En principio me sentí algo incómodo porque pensé que iba a ser una gran fiesta con personalidades del mundo del espectáculo, pero, cuando llegué a su casa, solo éramos cinco comensales para cenar, con Thierry y su pareja Suzanne, Daniel y su mujer Coco. ¡Esa noche no hubo nada de jet set allí!”. En 1986, la promoción de su éxito L’Aziza impidió competir a Balavoine en el París-Dakar, pero insistió en acudir algunos días para supervisar y dar publicidad a la instalación de las bombas de agua. Lo que ocurrió a continuación fue la sucesión de circunstancias más trágicas de la historia del París-Dakar.

AUTO - RAID 1986 - PARIS ALGER DAKAR 22/01/1986 - PHOTO : DPPI DANIEL BALAVOINE (FRA) - AMBIANCE - PORTRAIT
AUTO - RAID 1986 - PARIS ALGER DAKAR 22/01/1986 - PHOTO : DPPI DANIEL BALAVOINE (FRA) - AMBIANCE - PORTRAIT © DPPI
AUTO - PARIS ALGER DAKAR 1986 - 22/01/1986 - PHOTO : DPPI DANIEL BALAVOINE - AMBIANCE PORTRAIT POMPE A EAU
AUTO - PARIS ALGER DAKAR 1986 - 22/01/1986 - PHOTO : DPPI DANIEL BALAVOINE - AMBIANCE PORTRAIT POMPE A EAU © DPPI

LES NOUVEAUX AVENTURIERS Y OTROS SUEÑOS SIN CUMPLIR
A principios de 1986, el París-Dakar aún no había cumplido 10 años, pero cabría decir que había alcanzado la madurez. Siguiendo al dictado el espíritu de Thierry Sabine, la prueba ya estaba encarrilada y su desarrollo estaría asegurado por alguien que recibiese de Sabine las llaves de la competición a corto o medio plazo. “Hicimos el trayecto juntos de París a Sète, donde nos embarcamos rumbo a Argel”, confiesa Romeo Kilo, sobrenombre de Kalmanovitz en el lenguaje de radio del Dakar. “Thierry no solía hacer muchas confesiones, pero me comentó que tenía ganas de pasar el testigo, sobre todo porque quería centrarse en el programa de televisión que acababa de poner en marcha en Antenne 2 y en la revista homónima”. De hecho, el sexto sentido de este hombre de la comunicación marcaría el rumbo de ese medio en ascenso, desde el que seguiría haciendo “soñar a los que se quedan” al dar a conocer a distintos personajes de todos los rincones del planeta. “Una vez más, ahí fue innovador, porque en aquel momento no existían los programas de aventura”, contextualiza Alain Grosman. “Por lo que respecta a los proyectos, seguía pensando a lo grande, con mucha visión de futuro. Quería retomar la idea de Jean-Claude Bertrand, inventor del rally raid, de recorrer los cinco continentes, pero lo que tenía en mente no seguía el formato del Dakar. Durante una conversación en un restaurante de Ruan, me habló de un rally que duraría seis meses con unos cincuenta aventureros y amigos, y que pasaría dos meses en África, dos meses en Sudamérica, dos meses en Asia, y así. No tenía nada planeado, pero era un proyecto que le rondaba la cabeza”.

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