Con una gran sonrisa

Dakar 2022 | Etapa 7 | Ha'il > Sakaka
10 enero 2021 - 11:51 [GMT + 3]

James Alexander, último piloto en llegar al vivac de Ha’il en el día de descanso, vive su primer Dakar con un entusiasmo que se contagia. A sus 50 años, el piloto de Botsuana está disfrutando de lo lindo en el desierto saudí.

El viernes por la noche, James Alexander fue el último motorista en llegar a meta. Igual que el día anterior. “Pero esta vez estoy menos cansado. Ayer lo pasé muy mal y esta mañana he salido tranquilo, me dolía todo. Sin darme cuenta, me distraje por el camino. Si hubiese estado más atento, podría haber evitado terminar de nuevo la etapa en plena noche. De noche es todo un infierno. No se ve nada, vas perdido… Una hora de día equivale a tres horas de noche. Y como cuando vas por detrás la arena está removida, estás obligado a pasar por los lados para encontrar un poco de tracción. Habría que poder ir con una segunda luz que enfocara hacia las dunas”. El piloto botsuano, que participa en su primer Dakar, pilota una Yamaha WR450 F, al igual que su compatriota Ross Branch. “Bueno, la mía no es una moto oficial”, bromea con su risa cavernosa. Ayer, durante el día de descanso, James pasó un buen rato con Ross. “Hacía dos días que no habíamos tenido ocasión de pasar tiempo juntos”. Son amigos. De hecho, fue Ross quien convenció a James para que participase en el Dakar. El piloto oficial de Yamaha arrastró a su apadrinado a las pistas africanas. Inscrito en la categoría Original by Motul, la fórmula más asequible, la única aspiración de James es llegar hasta Jeddah. “Llevo montando en moto desde los 17 años. Es una pasión que siempre me ha acompañado. Correr el Dakar es para mí un modo de descubrir una nueva faceta de este universo y conocer a gente fantástica. En la carrera, aprecio mucho la ayuda mutua entre los participantes”. En la ruta hacia Ha’il, James Alexander inteactuó mucho con los espectadores que acudieron a ver pasar a los pilotos por las dunas. “Bebí mucho té porque no me quedaba agua en la cantimplora. También me ofrecieron carne de camello, pero decidí conformarme con mis barritas de cereales”. El día de descanso se tomó un respiro. “He dormido, me he quitado la arena de las botas y me he cuidado un poco los pies, que los tenía hechos papilla”. Todo en orden para la segunda semana.

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