LOS VALORES
El espíritu del Dakar se puede describir como un punto de encuentro entre varias pasiones. Además de ser un acontecimiento ineludible y singular en el mundo de los deportes de motor, se trata de una experiencia humana única e irrepetible, en la que el vínculo establecido con África adquiere una relevancia fundamental.
Una competición deportiva de primer orden
Más que una mera carrera de velocidad, el Dakar exige capacidades de navegación fuera de pista así como un cierto grado de regularidad. En el rally raid, lo que prima es la resistencia, y todos los fallos, por pequeños que sean, se pagan caros. Esta mezcla de fortaleza física y rendimiento técnico seduce desde hace más de tres décadas a campeones llegados de horizontes de lo más variados, deseosos de superar este enorme desafío. Quien fuera el campeón del mundo de los rallies WRC, Ari Vatanen, encontró la fórmula para superar dicho reto; Stéphane Peterhansel, intruso de excepción al principio de la carrera, se convirtió en el experto incontestable de la prueba; Cyril Despres, campeón del mundo de enduro, alcanzó lo más alto del podio; Luc Alphand, vencedor de la copa del mundo de esquí, ha sabido aplicar con éxito sus conocimientos en el desierto; Isabelle Patissier, Carlos Sainz y, más recientemente, Carole Montillet se han incorporado a la pugna por el objetivo último: la conquista del Dakar.
Una experiencia humana inigualable
Al igual que la montaña o el mar, el desierto atrae a los "amantes de la aventura". Participar en el Dakar, es, en cierta medida, equiparable a escalar el Everest, dar la vuelta al mundo a vela o a remo. La línea de meta, a orillas del Lago Rosado o en cualquier otro destino, representa un desafío sin parangón, un reto que, para algunos, es el más grande que pueda imaginarse.
Más allá de la clasificación, los competidores deciden participar en el rally motivados por este firme deseo, por este sueño "de locos". Ya sean motoristas, pilotos de coches o de camión, comparten una ambición común, un sentimiento que les une y vincula. El afán por ayudarse mutuamente, que forma parte de los pilares del "espíritu del Dakar", nace de esta pasión compartida, una pasión en la que todos hablan el mismo idioma.
Un reencuentro en el corazón de África
África es un continente inmenso y heterogéneo. Silencioso al tiempo que bullicioso, hostil al tiempo que acogedor, esta naturaleza en ocasiones paradójica encierra un encanto capaz de encandilar a las personas que estén dispuestas a dejarse seducir. Al fundador de la prueba, Thierry Sabine, le conmovió su particular magia. Quienes decidieron participar en la ruta del Dakar en 1979 y en los años sucesivos comparten esta sensibilidad, que les ha llevado a establecer un vínculo privilegiado con el continente.
Sin embargo, África es mucho más que un territorio. Su naturaleza, su desierto y su selva tropical, así como sus montañas, son suntuosas. Pero son sobre todo sus habitantes quienes constituyen el alma del continente. Son ellos quienes invitan y motivan a los competidores. El Dakar está dirigido a ellos. Los momentos de complicidad, los buenos ratos aderezados con un vaso de té, o las noches en la tienda de campaña poseen la fuerza de la simplicidad, que es precisamente lo que acerca a los hombres.