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etapa 15 - Domingo 21 de enero de 2007 | Dakar - Dakar

  • Enlace  36 km
  • Especial  16 km
  • Enlace  41 km
  • Total  93 km

Retratos

Paul Belmondo: "Quiero hacerlo aún mejor"

Copyright A.S.O. / Amaury Sport Organisation

Paul Belmondo es uno de los fieles del Dakar. Su silueta, tan discreta como reconocible, casi forma parte ya del paisaje del vivac. Su nombre es uno de los habituales de la carrera, aunque no lo es tanto en la propia Dakar, a la que ha llegado tan sólo en dos ocasiones, con esta, de sus diez participaciones. Para el ex piloto de F1, la edición 2007 tiene un sabor especial: "Es cierto que sólo he llegado a Senegal una vez, en 2001, porque la última vez que terminé el rally, la llegada fue en Sharm-el-Sheikh, pero el balance no es demasiado catastrófico: en las dos últimas ediciones, nada pude hacer para evitar el abandono. En realidad he tenido más bien suerte, después de todo. Este año he tenido muchos menos problemas; es lógico que haya llegado hasta el final.
Si bien es cierto que ha sabido escapar a los problemas más comprometedores, el segundo desafío de Belmondo se ha visto turbado por algún que otro fastidioso incidente de carrera: "El objetivo también era la victoria en T2. Hasta Atar he estado en la lucha, en el 26° puesto de la general, y sobre todo entre los cinco primeros de la categoría, que estaban separados entre si por no más de media hora. Pero en el paso de unas dunas entre Atar y Tichit, me quedé atrapado entre una roca y el fondo de una duna. Fue una situación absurda, que me hizo perder 3h50, el tiempo que tardó el camión de asistencia en llegar y sacarnos".
El espíritu de competición de Belmondo le ha hecho ya olvidar esta semidecepción y pensar en el futuro. Además de su temporada en Le Mans Series, el francés desea dedicarse un poco más al campeonato del mundo de rally-raid, y presentarse en la línea de salida del próximo Dakar con ambiciosos objetivos: "Me gustaría participar en al menos dos carreras y venir con un vehículo competitivo en otra categoría, quizá un buggy. Este Dakar me ha dado ganas de ir más allá, así como unos cuantos argumentos para convencer a los sponsors, porque con Dakars de cuatro o cinco días es difícil ser convincente".

Alioune Sarr: "¡Toda esa ayuda para nada!"

Copyright A.S.O. / Amaury Sport Organisation

La escena es conmovedora: Alioune Sarr, solo, en la oscuridad del vivac de Tambacunda, quitándole el polvo a su moto maldita. Para él se acabó el Dakar en la primera etapa senegalesa, justo el día antes de lo que debía haber sido una entrada triunfal en casa, en Dakar. "¡Qué mala suerte! ¡Qué pena!... Si me hubiera pasado en Mauritania como el año pasado, o incluso en Portugal, lo habría aceptado, ¡pero ahora sólo quedaba un día para llegar a Dakar!".
Uno detrás de otro, los miembros de la familia de los "sin asistencia" han venido a tratar de apoyarle y darle ánimos. Ahí están los Tilliette, padre e hijo, el mauritano Zidane, Yannick Gutomarc’h… la misma familia cuya ayuda ya le permitió tomar la salida de la 13ª etapa entre Kayes y Tambacunda, en cuya víspera hasta 15 hombres se pusieron a trabajar en su máquina, incluido el responsable de la asistencia de Yamaha, a quien despertaron en plena noche para desmontar y volver a montar el motor y reparar un maldito escape de aceite hasta la madrugada, pero que le permitió al que todos llaman ’Lune’ tomar la salida en la etapa del día. "¡Toda la ayuda de los compañeros para esto!".
Efectivamente, los problemas volvieron ya en el primer enlace: "Tuve que desmontar la moto 5 veces antes de continuar, y después me concedieron una derogación para poder tomar la salida de la especial a pesar de mi retraso". Todo iba bien hasta el CP1 (km 146); el senegalés había cogido incluso a dos rivales: "Me paré para repostar y luego no hubo manera de arrancar. La batería. He tenido que pedalear 3 horas. Estoy muerto".
La continuación de la historia es rocambolesca. Una camioneta fuera de carrera se ofrece a remolcarle. Dirección ’Tamba’ atado con una correa. Unos kilómetros después, Alioune se estrella contra un árbol. Resultado: rotura de la dirección, con lo que decide meter la moto en la parte trasera de la camioneta. El piloto continúa de esta forma su camino, ’de incógnito’. Pero los comisarios se dan cuenta gracias a al Iritrack (maldita tecnología) de que la moto número 153 avanza, en efecto, pero tumbada. Obviamente, Sarr es retirado de la carrera y fin de la aventura.
"No he dejado de tener problemas, desde el principio hasta el final. Llevo 5 días sin dormir… Todos mis amigos me esperan en el podio del Lago Rosa", explica el joven senegalés de 26 años, con lágrimas en los ojos.
A Alioune no le queda más remedio que resignarse ante la decisión de los comisarios. Al final, las lágrimas dan paso a una amplia sonrisa, al ver como le otorgan a su amiga Anne-Charlotte Tilliette el premio del ’fair-play’ en el último briefing del Dakar. La misma sonrisa que ’Lune’, a pesar de todas sus desventuras, había mostrado durante todo el rally.

Ludivine Puy: "Este año he ido tranquila"

Copyright A.S.O. / Amaury Sport Organisation

Un Dakar para sufrir, un Dakar de lamentaciones. En 2005, Ludivine terminó 97ª tras todo un cúmulo de problemas. El año pasado, abandonó a dos días de la llegada, por culpa del único error que cometió, una caída por un niño que se cruzó en la carretera de Tambacunda. Este año, a la tercera casi fue la vencida, casi, porque en la escala de valores de Ludivine Puy, lo que cuenta es llevar tu misión hasta el final, algo así como "o todo o nada". Para este Dakar, la francesa es más bien exigente. Sentada en su baúl blanco delante de su tienda, recuerda con calma la pasada edición que la coronó como vencedora en motos en categoría femenina, sucediendo a Patricia Watson-Miller. Sin embargo, para ella no es lo más importante: "Estos últimos días me sentía estresada. El año pasado fue en la etapa de Tambacunda donde me caí y me fracturé la pelvis".
Razones no le faltan para desconfiar. Ludivine vive concentrada en si misma, pero abierta al Dakar y a su ambiente, en el que se siente a gusto, apartando la obsesión por la competición. Por qué no, después de todo, si a ella le va bien. Según sus palabras, "Este año he ido tranquila, no lo he dado todo, y no me siento cansada". A la francesa no le gustan las falsas modestias, ella es así, natural. Sin duda, estamos lejos de ver su auténtico potencial.
"El Dakar es el único rally raid que hago al año, así que quiero que todo salga bien. El placer de participar tiene que ser total", dice, como renegando de toda exigencia deportiva. Para los próximos Dakars, Ludivine Puy no piensa en ningún proyecto todavía; tan sólo deja caer que le gustaría hacer el rally de Marruecos: "Para perfeccionarme en las pistas pedregosas", y el de Dubai: "Para perfeccionarme en las dunas".
Pero todo eso se parece mucho a una estrategia completa de preparación para estar en perfectas condiciones en el rally raid de enero. También en eso, la francesa de 24 años está suficientemente tranquila como para no hacer castillos en el aire. Entre sus prioridades está también terminar con éxito su año en la escuela de policía nacional en agosto y, a continuación, formar parte de algún servicio motorizado. En definitiva, vivir con el Dakar en mente, pero a su ritmo. Quizá las grandes historias de la competición también se escriben así.

Arjan Brouwer: "El Dakar es mi vida"

Copyright A.S.O. / Amaury Sport Organisation

Cuando Arjan Bower dice que el Dakar es su vida, no exagera en absoluto. En 1986 entró a formar parte por primera vez de la mítica carrera y por poco ni vuelve. "Un día le di mi mochila a un camionero para que la llevara al principio de la especial, pero no apareció, con lo que tuve que salir sin mi baliza de señalización. Había una tormenta de arena espantosa y me salí del libro de ruta". Hicieron falta cuatro días para encontrar al holandés, quien por poco no lo cuenta. "Al principio pensé: ’estarán aquí enseguida’, pero a medida que los días iban pasando empecé a estar menos seguro. Le recé a Dios y me preparé para lo peor, pero Dios escuchó mis plegarias y me envió un helicóptero".
Ahora, con el sistema Iritrack, los teléfonos vía satélite y el GPS, aquello nunca pasaría, pero a pesar de todo, Brouwen no oculta cierta nostalgia de los ’viejos años’. "Por supuesto que todo es mejor hoy en día y la organización es fantástica, pero a mi me gustaba el lado más aventurero de los primeros Dakars". El holandés también echa de menos la moto: "He corrido aquí en motos un total de siete veces, pero hace tiempo me tuvieron que poner un implante de cadera y con eso se acabaron las carreras sobre dos ruedas". Pero no hay problema: "Volví con un camión. De hecho no me esperaba que fuera a ser tan divertido. El motor se pone a 1000 caballos y la suspensión es independiente. A veces es como pilotar una moto todoterreno".
En las horas previas a las celebraciones en el podio del Lago Rosa, Arjan Brouwen se siente satisfecho con su debut con los camiones, pero aún más por el hecho de haber llegado a Dakar y poder ver a su mujer y a la familia de esta, que viven en la capital senegalesa. "Lo más importante que aprendí de mis cuatro días en el desierto es que la vida es un valiosísimo regalo que vale la pena disfrutar. La gente de aquí tiene la misma filosofía, y desde mi experiencia siento una especial afinidad con ellos. Hace dos años conocí a mi mujer en Dakar, nos casamos y somos muy felices. Así que ya ven, el Dakar es toda mi vida".