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etapa 11 - Miércoles 17 de enero de 2007 | Néma - Ayoun

  • Enlace 280 km
  • Total  280 km

Retratos

motos

Stéphane Hamard: “Me duelen muchísimo las manosâ€

Copyright A.S.O. / Amaury Sport Organisation

El calvario comenzó para Stéphane Hamard, último representante de los DOM-TOM, tras los abandonos en la categoría coches de Fabrice Marchand primero y de Simon Jean-Joseph después. Este oriundo de La Reunión, consciente de la implicación y los sacrificios necesarios para tomar la salida del Dakar, empieza relativizando la situación: “No debemos olvidar que estamos de vacaciones, por mucho que suframosâ€, dice sonriendo. Aunque la resistencia y el sufrimiento forman parte del juego del Dakar, Stéphane recuerda una caída bastante violenta en suelo marroquí: “conducía entonces bastante rápido, así que fue bastante espectacular, pero me caí sobre el trasero. Es la parte más sólida del cuerpo, así que lo único que me hice fue un enorme hematomaâ€.

Pero las heridas más visibles no son las más problemáticas para Stéphane, a quien le afecta en mayor medida una forma de desgaste mucho más insidiosa. En la etapa Atar – Tichit, pasó 14 horas sobre la moto, de pie sobre los pedales y apoyado sobre el manillar: “Me duelen muchísimo las manos. Las tengo tensionadas todo el día, bien aferradas al manillar, así que cada vez que intento abrirlas me duelen muchísimo. En general, sufro mucho durante el paso de tramos pedregosos a recorridos sobre arena blanda. En mi opinión, hay pocas dunas, que es lo que más me gusta. Las piedras deterioran mucho la moto y nos obligan a hacer mucha mecánica. De ahí que estemos tan cansados…â€

A pesar de todo, el piloto de La Reunión confía en soportar el dolor y el cansancio hasta Senegal. Y más concretamente hasta el Lago Rosa, para borrar el recuerdo de su fatídica caída entre Tambacounda y Dakar el año pasado: â€Ya estoy pensando en el Lago Rosa, mentiría si dijera que no es así. Está claro que estaré más atento si cabe en la salida de Tambacounda, puesto que se aprende de los errores. Y después, ya veremos qué pasa, tampoco es lo más importante que le ocurre a uno en la vidaâ€.

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Steve La Roza: “Las desgracias de uno son la alegría de otroâ€

Copyright A.S.O. / Amaury Sport Organisation


El estadounidense Steve La Roza habla con total honestidad: “Si Jonah Street no hubiera abandonado, lo hubiera hecho yoâ€. Es innegable que el rally de Steve se complicó cuando se le acabó la asistencia en Europa. “Fue un desastre. Como novato en el Dakar necesitas toda la ayuda del mundo. Cuando se acabó nuestra asistencia en Portugal sabía que iba a ser duro, pero sinceramente, de haber sabido lo duro que sería probablemente nunca me hubiera embarcado en esta aventura.†Afortunadamente, su compatriota estadounidense Charlie Rausea y el equipo de asistencia PIA Rally Pan America se apiadaron de Steve y salieron a su rescate.

“Mi motor reventó en la Etapa 5. Jonah Street ya había abandonado, así que me dieron el suyo. Puede decirse que, en cierta forma, su mala suerte salvó mi carrera. Pero para ser sincero, incluso si no hubiera ocurrido, de no haber contado con la ayuda del equipo PIA, y especialmente de Niles Follin, que ha estado ocupándose de mi moto desde que llegué a Ãfrica, no hubiera durado mucho.â€

Al escuchar a Steve, ganador en varias ocasiones de la serie Best of the Desert de Estados Unidos y finalista múltiples veces de la Baja, uno se siente con derecho a pensar que el Dakar es considerablemente más duro que los rallies que se disputan al otro lado del charco. “Oh, sí, sin duda. Creemos que la Baja 1000 es dura pero no es nada comparado con esto. El Dakar no es solo una carrera físicamente exigente, sino también un rally mentalmente durísimo. Es extenuante, empiezas a preocuparte por el día siguiente y el siguiente, y tus fuerzas empiezan a flaquearâ€. ¿Demasiado duro quizás? “Hombre, tampoco hay que exagerar. Si consigo recaudar dinero, volveré sin lugar a dudas el año que viene.â€

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Eduardo Campoy y David López: “Nos abrazamos. Ya no nos quedaba más remedio que abandonarâ€

Copyright A.S.O. / Amaury Sport Organisation

Al verles y escucharles uno no se hace a la idea de lo que han vivido. Son las 21h00 del martes 16 de enero en el vivac de Nema y nos preguntamos si el equipo de Almería viene de Tichit. Lo que no imaginamos de ninguna manera es lo que les ha ocurrido durante las últimas 36 horas. De los dos, David Molina, el copiloto, un hombre de cabello largo y rizado de 37 años, es el más locuaz. Es su primer Dakar, lo cual lo explica todo. Eduardo Campoy ya tiene un año de experiencia a sus espaldas. El año pasado este agricultor de El Ejido terminó en 52ª posición. Un poco más parco, escucha el relato de su compañero asintiendo con la cabeza y sonriendo. Su odisea comenzó el domingo, en el kilómetro 200 de la especial entre Atar y Tichit, cuando se les rompió la transmisión delantera de su Mitsubishi Montero. Hasta el kilómetro 400 superaron los obstáculos y las dunas como buenamente pudieron. Después, a la 1h00 de la madrugada se rindieron ante la evidencia. Agotados y perdidos en la noche mauritana, salieron de su vehículo. “Nos miramos y nos abrazamos. Lo habíamos intentado todo. Llegado ese punto no nos quedaba más remedio que abandonar. Fue terrible.â€

Sin embargo, la odisea no había hecho más que empezar. “Como teníamos que volver de todas formas decidimos echarle un vistazo a la mecánicaâ€, explica David. La ruptura de la transmisión era en realidad un bloqueo. Dos horas más tarde, el coche retomaba la ruta con un nuevo objetivo: llegar a la línea de meta dentro del tiempo previsto de llegada. El coche 424 llegó a Tichit finalmente el lunes 15 a las 8h00. Lo único que les quedaba por hacer a estos dos rezagados era validar su etapa. “Corrí por la pista de despegue para buscar el avión del PC Course, pero ya había despegado. Después de todo lo que habíamos hecho ¡no podíamos ser eliminados así!†David Molina encontró finalmente a un comisario. A las 8h07, todo volvió a estar en orden. “Una vez firmado el papel fuimos a llenar el depósito, a comer y a coger dos botellas de agua.†Eduardo Camoy recuerda así de forma casi mecánica la sucesión de acontecimientos.

500 kilómetros más adelante llegaron a Nema dentro del tiempo previsto, poniendo así fin a una odisea de 36 horas, rindiendo homenaje a los competidores que les habían apoyado o que, a su llegada al vivac, acudían a felicitarles. También pudieron saludar a los hermanos Fidel de Melilla, que les prestaron material para la reparación. “El Dakar es esoâ€, dice David antes de hablar de su piloto: “Eduardo es una persona con una moral de hierro y también el mecánico de las causas perdidas. Es un verdadero competidor del Dakar.†Eduardo, por su parte, se disculpa por no estar presentable para la foto, y no da crédito cuando le decimos que Sainz no ha llegado. Son las 21h30 y el equipo andaluz trata de mantener la cabeza fría. “Vamos a comerâ€, dice Eduardo.

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Ukyo Katayama: “¡Nunca se sabe lo que puede ocurrir mañana!â€

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Ukyo Katamaya es lo que podría llamarse un fanático de los deportes. Tras más de 5 temporadas al volante de un fórmula 1, concretamente con Minardi y Tyrell, el japonés se pasó a las carreras de resistencia, adjudicándose una 2ª posición en las 24 Horas de Le Mans de 1999. Pero en la vida de Ukyo hay mucho más que deportes de motor; el nipón hizo realidad uno de sus sueños al escalar el Everest en el año 2001. Desde entonces, parecía lógico que este amante de las sensaciones fuertes probara su suerte en el más difícil de todos los rally-raids: ¡el Dakar! En su primera participación en 2002 logró una 40ª posición a su llegada al Lago Rosa.

“Mi vida consiste en explorar cosas nuevas. Mi gran alegría: ¡escalar montañas en el Himalaya!†Sin embargo, durante su último ascenso de un 8.000 hace dos meses acabó en un hospital. “Desde entonces, he perdido la sensibilidad en los dedos gordos del pie.†Lo cual no es precisamente una ventaja a la hora de conducir su Toyota por las dunas mauritanas.

Durante ésta su 5ª participación en el rally, Ukyo no tiene grandes aspiraciones de cara a la general. Se presentó a la salida de Lisboa con un proyecto del que está muy orgulloso: hacer el Dakar con un vehículo propulsado con aceite de freír reciclado, como el que utilizan los autobuses en Kyoto. Problema: al utilizar un carburante bio, su Toyota es un 20% menos potente que los otros vehículos diesel del rally. “Me está resultando todo demasiado largo. No hay competición, es un poco frustrante.â€

A esto hay que sumarle problemas mecánicos: “Con la ayuda del gobierno japonés, el coche ha sido diseñado por estudiantes de Kyoto, que no conocen bien el Dakar. Desafortunadamente, mi coche presenta muchos problemas de fiabilidad.â€

Como Ukyo sólo vive por y para los desafíos, ya tiene pensado su próximo objetivo: hacer el Dakar sobre una moto… Mientras tanto, el japonés continúa con su tranquilo camino hacia Senegal sin dejar, eso sí, que le asalte un optimismo excesivo: “Nunca se sabe lo que puede ocurrir mañana. Sólo Dios dirá…â€