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etapa 8 - Sábado 7 de enero de 2006 | Atâr > Nouakchott
  • Enlace  34 km
  • Especial 508 km
  • Enlace  26 km
  • Total  568 km
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Cara a cara

motos

El día en que pare, será porque me puse viejo

Simon Droux

Simon Droux no para de dar vueltas en el vivaque. Acaba de terminar la etapa, pero su equipo de asistencia aún no llegó. Entonces, deja la moto en medio del parque de asistencia, se saca el casco y camina unos metros para relajar sus músculos adormecidos. A pesar de todo, Simon sonríe. "Ahora me siento mejor. Esta mañana, casi abandono. Estaba harto de luchar con la moto. Como soy un viejito de 62 años, decidí este año tomar la salida con una moto de dos ruedas motrices, una moto más ligera. Pero no es fácil acostumbrarse. A veces patina la rueda delantera, a veces la trasera… Cuando no sabes, no paras de caerte. Pero hoy, creo que por fin encontré la vuelta: hay que pilotar de pie… Pero con mis viejos huesos, no es nada fácil."

Simon no se queja, se cae pero no se queja. "Me caí todos los días, sin tomar ningún riesgo, pero siempre me cruzo con una piedrita o una huella que me tira al piso. Así es que me pegué unos buenos golpes. El mejor fue cuando un coche me chocó por detrás, hace dos días. Salí proyectado hacia adelante. Me levanté inmediatamente y me puse a gritarle al piloto que me había chocado. El se relajó al ver que no me había pasado nada, con lo cual pudimos seguir adelante. Bueno, me duele un poco el cuello y la espalda, pero a la tienda médica seguro que no voy. Si no, me van a mandar a casa".

Simon, jubilado desde hace unos meses, se dedica a hacer lo que no pudo hacer cuando vivía encerrado en una oficina. "Hace diez años empecé a correr rallys-raid, en Túnez, el Dakar y otros. Estoy en búsqueda de la calma que me faltó durante tantos años. Mientras me sienta fuerte, seguiré participando. El día en que pare, será porque me puse viejo", nos dice, y se dirige hacia el vivaque para cenar. Se encuentra con uno o dos colegas que conoció en sus aventuras africanas. Juntos, analizan la etapa del día, comen un plato caliente y se van a acostar, cada uno en su lugar. Simon se mete en su tienda, llegó el momento de ofrecerle un poco de reposo a sus viejos huesos.

La etapa siguiente le tenía preparada una mala sorpresa. Rumbo a Zouerat, Simon se perdió al cabo de diez kilómetros de especial y tardó muchísimo tiempo, demasiado tiempo, en volver a la línea de partida. Era demasiado tarde para largar y lo desclasificaron. El desierto es duro, pero lo peor es el reglamento.
motos

Aventurero, gracias a su familia

Francisco Arredondo

Aventurero, gracias a su familia

Nos pide un segundito para sacarse las botas. En la mano, tiene una comida energética, ideal para reponer fuerzas. "Está bueno", nos dice. Ya está listo para contarnos su vida. Este guatemalteco de 28 años, de cara redonda y de sonrisa permanente, vino al Dakar a sufrir. Acaba de completar una de las etapas principales de la edición 2006, pero no lo reivindica. Se clasificó 61° en Atar y es el único representante de América Central.

Su relación con el Dakar empezó en su casa, durante una comida. Tenía 12 años y le gustaba escuchar a los mayores. Ese día, su padre había invitado a un colega doctor, Carlos Romero, en su casa de Guatemala City. Este amigo argentino había contado una historia increíble para el joven "Franny", como le decían entonces a Francisco. Había participado en una carrera en coche que cruzaba toda África. Francisco hace una pausa e insiste, mientras su mecánico repara la moto 129: "¿Te das cuenta? ¡Me estaban hablando de algo de otro planeta! ¡De París, de Dakar!" Dieciséis años más adelante, Francisco aún no terminó de digerir esa revelación.

Hoy está corriendo su tercer rally, una actividad que para sus familiares y amigos no forma parte de lo normal. "No es fácil explicarlo ni hacerlo sentir. Yo viajé mucho, lo cual me ayudó a cultivar mi espíritu de aventura y a entender que mi sueño de Dakar no era imposible. Pasando cuatro años en Estados Unidos en la Universidad Sacred Heart del Connecticut y un año y medio en el Luxemburgo para obtener un master de economía, Francisco aprendió a vivir y asumir responsabilidades muy rápidamente. Hoy dirige una empresa de carne y productos alimenticios y se ocupa del club de fútbol campeón de Guatemala 2005, Municipal. Nos dice que esos éxitos lo alegran mucho, pero también nos confiesa que el Dakar no deja de fascinarlo: "Quien no se arriesga no pasa la mar…". Francisco es consciente de que la prueba no entra en la lógica de su continente: "No logré encontrar ningún patrocinador y no hay ningún otro centroamericano en la prueba. Primero porque es caro y también porque a los latinos no les gusta organizar las cosas con tanta antelación. En Europa, hasta la gente con recursos normales puede participar, sacando un préstamo por ejemplo".

Francisco espera llegar a Dakar para borrar sus abandonos de 2004 y 2005. Para realizar su sueño de infancia. Y para encontrarse con toda su familia, que estará a la orilla del Lago Rosado el 15 de enero. Su padre, Francisco, Beatriz, su madre, y Arizbet, su hermana. "Sepas que sin su ayuda, nunca hubiese podido hacerlo". Todo un aventurero, pero con su familia…