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etapa 6 - Jueves 5 de enero de 2006 | Tan Tan > Zouérat
  • Enlace 336 km
  • Especial 444 km
  • Enlace  12 km
  • Total  792 km
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Cara a cara

motos

Sencillamente hasta Dakar

Rémi Bonjean (n° 170)

Rémi Bonjean es una persona discreta, un hombre tranquilo, un montañés apacible, afín a la sencillez de la gente de su región natal, el departamento de la Isère (Alpes franceses). Todas las noches, al llegar al vivaque, se saca el casco muy despacio, evita hacer movimientos bruscos, tiene el cuerpo destruido por tantas horas de moto. Así y todo, saborea plenamente su gran aventura, sin fijarse nunca en la general. "Conozco a muchos corredores obsesionados por el resultado que se rompieron la crisma intentando alcanzar a otro corredor situado tres minutos más adelante. Así tuvieron que volver a casa tras dos etapas, por querer escalar un puesto o dos. No creo que valga la pena". Por eso, desde la salida de Lisboa, Rémi avanza a su ritmo. A veces, como hoy, cruzando un vado, se reencuentra con un amigo de siempre como Pascal Schandelmayer y deciden recorrer un tramo juntos, como en sus primeras carreras africanas. "Nos conocimos en el Raid de l’amitié. Para ambos, se trataba de la primera visita a Ãfrica y ambos nos enamoramos de esta tierra", se acuerda Rémi. "Hoy otra vez disfrutamos mucho. Nos apartamos de la pista e hicimos nuestro propio camino a 500 m del resto de la caravana, sin humo ni polvo, ¡qué placer! Es uno de esos momentos en los que te olvidas del cansancio y los problemas. Para vivir esos momentos corro yo el Dakar".

Rémi avanza a su aire, tranquilo, imperturbable. Esta noche, como todas las noches, llegó a meta antes de que cayera el sol. Se bajó de la moto, examinó concienzudamente el desgaste de los neumáticos y suspiró: "Ojalá duren hasta la jornada de descanso". Una vez que llevó a cabo las verificaciones de rutina, abrió la maleta que alberga su universo, miró la foto de su esposa abrazada a su hija y las llamó. "Una llamada rápida, para decirles que todo sigue bien". Después Rémi se fue a acostar. Porque para tomar la salida de la etapa Tan Tan – Zouerat, tendrá que levantarse a la una de la madrugada, pero Rémi se adapta. Para seguir soñando con el Lago Rosado. Cuando le hablan de su comienzo de rally ideal y de su sueño que se va acercando, sonríe calmamente y contesta. "Toco… piel de mono, dice, acariciándose el rostro, pero es cierto que por ahora, todo está saliendo bien".
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Regreso anunciado

Rosa Romero

Está sola. Perdida delante de la maleta n°40, abierta. Las botas, la cazadora y el casco están desparramados por el suelo. Está ocupada juntando sus efectos personales. Alrededor de ella, los motoristas que completaron la etapa instalan la tienda o miran la hora de partida del día siguiente. Rosa es ajena a todo ello. Vestida con un niqui, una cazadora y un vaquero, Rosa está dejando la prueba. Robert Otger, su acompañante, se cayó durante la etapa y se quebró un tobillo, y aún quedan 7.000 kilómetros por recorrer antes de llegar a Dakar. Desde Barcelona, la llaman para decirle que siga adelante. Pero Nani Roma, su marido, no quiere dejarla seguir.

Por eso abandona, sin haberse caído, sin que la hayan desclasificado, este Dakar con el que viene soñando desde hace tanto tiempo. Con 18 años, se había ido sola con su Cagiva 600 a descubrir las pistas marroquíes durante diez días. Desde entonces, construyó su vida y su deporte. Especialista en informática, 2 hijas y un montón de carreras de enduro en España a pesar de que no exista la categoría femenina. Había llegado el momento de intentarlo. Nani había aceptado que tomara la salida. Bajo la protección de Otger, el amigo de siempre.

"Ãbamos rápido, en paralelo. Estábamos perdidos y el road-book no funcionaba. No vio el peligro, yo sí. Se cayó aparatosamente. Me asusté mucho. Pero logramos llegar a meta. Cada vez que apoyaba el pie en el suelo, sufría como un condenado". Lo cuenta pero está ansiosa. Estaba marchando muy bien y tiene que irse al cabo de la segunda etapa marroquí, sin ninguna razón. "Nani tampoco terminó su primer rally en moto porque se cayó en la segunda etapa marroquí", nos dice, casi con una sonrisa, pero está muy desilusionada. Está por echarse a llorar. "Si quedaran sólo dos días de Dakar, sería distinto. Hubiéramos encontrado una solución…". Otger, en equilibrio sobre sus muletas, tiene remordimiento: "Por culpa mía tiene que volverse a casa".

Antes de la largada solía decir: "Todos me dicen que va a ser muy duro, pero no sé hasta qué punto es cierto". Desde este martes, ya lo sabe. Quizá sea más injusto de lo que pensaba. "Volveré, añade. Nani me dijo ’terminas este Dakar y lo dejas’". Con lo cual la posibilidad del Dakar sigue abierta. Rosa lo siente, a pesar de su desilusión.