Cara a cara
motos

Desgracia con suerte
Guillaume Floirac (n°35)
Debajo de la tienda en la que se encuentra su moto dañada, Guillaume Floirac se divierte al recordar su desventura del día. Su mecánico, Alexandre, también se ríe. Al que no le causa ninguna gracia es a su padre, Michel, quien se pasó ayer toda la tarde entre el parque de asistencia y el PC carrera consultando el iritrack. "Recién ahora estoy empezando a relajarme", nos dice el progenitor, fumando un cigarrillo. Cayó la noche en el vivaque de Uarzazate.
A este joven francés de 24 años de edad, que vive su primer Dakar, el accidente le ocurrió en el medio de la especial. Acomodado entre los 40 primeros desde Er Rachidia, Guillaume se mete en una nube de polvo y se topa con un pozo señalado por el road-book. Intenta levantar la moto, pero no hay nada que hacer: "Despegué y caí de cabeza. Quedé medio grogui, nos cuenta este novato del Dakar. Me senté unos minutos en el suelo para recuperar y retomé camino, sin GPS ni road-book. Y sin ningún problema físico, por suerte". Privado de instrumentos de navegación, a este joven endurista que admira a Richard Sainct no le quedaba otra solución que seguir las huellas. Al principio, le fue bien, hasta que tomó la dirección equivocada y tuvo que desviarse, recorriendo de paso unos 60 km de más con un grupo de rezagados. Así, Floirac entró en meta en 135ª posición y retrocedió hasta el 57° puesto en la general.
Esta desgracia con suerte sirvió para recordarle lo esencial: "Mi objetivo es llegar a Dakar y la general no me interesa. Me gustaría compartir este momento con mi familia y mis amigos, que tienen previsto ir a acogerme al Lago Rosado". El virus del Dakar se lo transmitió su hermano, que tuvo que abandonar los dos rallys en los que participó. "Tenía ganas de intentarlo", nos dice, muy entusiasmado. Aún quedan mucho camino y muchos pozos, pero Guillaume está ansioso por llegar a Mauritania. Para darle un sentido a la invitación lanzada un día por Richard Sainct: "El Dakar, hay que hacerlo para entenderlo".
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Debajo de la tienda en la que se encuentra su moto dañada, Guillaume Floirac se divierte al recordar su desventura del día. Su mecánico, Alexandre, también se ríe. Al que no le causa ninguna gracia es a su padre, Michel, quien se pasó ayer toda la tarde entre el parque de asistencia y el PC carrera consultando el iritrack. "Recién ahora estoy empezando a relajarme", nos dice el progenitor, fumando un cigarrillo. Cayó la noche en el vivaque de Uarzazate.
A este joven francés de 24 años de edad, que vive su primer Dakar, el accidente le ocurrió en el medio de la especial. Acomodado entre los 40 primeros desde Er Rachidia, Guillaume se mete en una nube de polvo y se topa con un pozo señalado por el road-book. Intenta levantar la moto, pero no hay nada que hacer: "Despegué y caí de cabeza. Quedé medio grogui, nos cuenta este novato del Dakar. Me senté unos minutos en el suelo para recuperar y retomé camino, sin GPS ni road-book. Y sin ningún problema físico, por suerte". Privado de instrumentos de navegación, a este joven endurista que admira a Richard Sainct no le quedaba otra solución que seguir las huellas. Al principio, le fue bien, hasta que tomó la dirección equivocada y tuvo que desviarse, recorriendo de paso unos 60 km de más con un grupo de rezagados. Así, Floirac entró en meta en 135ª posición y retrocedió hasta el 57° puesto en la general.
Esta desgracia con suerte sirvió para recordarle lo esencial: "Mi objetivo es llegar a Dakar y la general no me interesa. Me gustaría compartir este momento con mi familia y mis amigos, que tienen previsto ir a acogerme al Lago Rosado". El virus del Dakar se lo transmitió su hermano, que tuvo que abandonar los dos rallys en los que participó. "Tenía ganas de intentarlo", nos dice, muy entusiasmado. Aún quedan mucho camino y muchos pozos, pero Guillaume está ansioso por llegar a Mauritania. Para darle un sentido a la invitación lanzada un día por Richard Sainct: "El Dakar, hay que hacerlo para entenderlo".
Manuel García, todo un hombre del Dakar
Ante todo, pide disculpas, "porque aquí el tiempo es muy valioso". Manuel se está quitando las botas antes de irse a dormir. El vivaque de las motos ofrece un bullicio permanente: es un gigantesco taller mecánico refrescado por la noche marroquí. Obviamente, no es el lugar idóneo para las conversaciones íntimas. Manuel está sentado al lado de la maleta blanca en la que lleva todas sus pertenencias, como todo motorista con recursos escasos. A pesar de las condiciones, el número 178 se toma unos minutos para explicarnos su filosofía: "Se trata de mi primer Dakar y seguramente será también el último, nos cuenta. Por eso trato de vivirlo a tope. Intento aprovechar cada instante. Aquí todo es excepcional: los paisajes, la organización. Incluso me parece demasiado para participantes como nosotros". Ya hace un año y medio que Manuel se viene preparando para esta carrera y hoy, según nos confiesa, se siente un tanto estresado por la magnitud del acontecimiento. Y eso que forma parte de esa gente que lo hace todo con método. Pero esta vez, lo que va descubriendo lo deja atónito, tanto que ya empezó a rebajar su objetivo inicial. "Para mí, lo importante ya no es llegar a Dakar. Logré completar una etapa africana. Es algo tan increíble que me parece que ya recibí mi premio."
Este riojano de la localidad de Calahorra no es un soñador. Su energía permanente le permitió obtener grandes éxitos profesionales fundando y dirigiendo una cadena de ropa barata. El Dakar, lo hace para conocer sus límites y profundizar su conocimiento del mundo. Pero con una participación le basta, porque la preparación es muy complicada. Manuel es de los que aceptan vivir su sueño una vez en su vida. "Tuve la suerte de viajar por todo el mundo, pero en África no había estado nunca. Había estado entrenándome en Marruecos unos días, pero, a nivel humano, ¿qué es lo que me espera más al sur?"
Manuel está preocupado. Sabe que las cosas no van bien en África y que hace falta más solidaridad. El Dakar lo hace en representación de la ONG Médecins sans Frontières, si bien reconoce que no sabe muy bien qué hay que hacer para ayudar a todo el mundo. Determinado a pesar del cansancio, nos dice algo que resulta ser a la vez una evidencia y un descubrimiento para él: "La gente de aquí sí que vale la pena". Luego cierra la maleta y echa un vistazo a las montañas, que aún se distinguen a lo lejos. Antes de meterse en la tienda, añade: "Hoy tuve que navegar, utilicé el road-book, vi los agujeros, las trampas." Manuel está orgulloso. ¿Su clasificación? "Me da igual", nos contesta. Manuel tiene sus criterios. En su primera participación, ya es todo un hombre del Dakar…
Este riojano de la localidad de Calahorra no es un soñador. Su energía permanente le permitió obtener grandes éxitos profesionales fundando y dirigiendo una cadena de ropa barata. El Dakar, lo hace para conocer sus límites y profundizar su conocimiento del mundo. Pero con una participación le basta, porque la preparación es muy complicada. Manuel es de los que aceptan vivir su sueño una vez en su vida. "Tuve la suerte de viajar por todo el mundo, pero en África no había estado nunca. Había estado entrenándome en Marruecos unos días, pero, a nivel humano, ¿qué es lo que me espera más al sur?"
Manuel está preocupado. Sabe que las cosas no van bien en África y que hace falta más solidaridad. El Dakar lo hace en representación de la ONG Médecins sans Frontières, si bien reconoce que no sabe muy bien qué hay que hacer para ayudar a todo el mundo. Determinado a pesar del cansancio, nos dice algo que resulta ser a la vez una evidencia y un descubrimiento para él: "La gente de aquí sí que vale la pena". Luego cierra la maleta y echa un vistazo a las montañas, que aún se distinguen a lo lejos. Antes de meterse en la tienda, añade: "Hoy tuve que navegar, utilicé el road-book, vi los agujeros, las trampas." Manuel está orgulloso. ¿Su clasificación? "Me da igual", nos contesta. Manuel tiene sus criterios. En su primera participación, ya es todo un hombre del Dakar…
