Cara a cara
motos

Una desgracia con suerte
Bernard Montaz
¿Quién se olvidó de la imagen de esa moto trasladada hasta el vivaque por un helicóptero? Nadie, entre otras cosas porque simbolizaba los sufrimientos por los que pasaron el año pasado los corredores entre Zouerat y Tichit. Esa moto colgada de un cable era la de Bernard Montaz, quien tuvo que abandonar por segundo año consecutivo, por culpa de un carburador lleno de arena y por su sentido extremo de la solidaridad. "No quisiera presentarme como un socorrista del desierto, pero me es imposible no ayudar a un colega en apuros. No logro acostumbrarme al sufrimiento de los demás. En realidad, seguramente hubiese podido resolver mi problema, pero la situación era insoportable alrededor mÃo…" A cualquiera le hubiese quitado las ganas de disputar otro Dakar, pero a Bernard no. "Al volver a casa, le dije a todo el mundo que no pensaba volver al rally… Pero en junio, ya no me acordaba de nada… Ese es el principal problema del Dakar: cuesta volver a intentarlo, pero cuesta aún más no volver a intentarlo". Hoy, con 48 años, este piloto oriundo del sur de los Alpes emprende su séptimo Dakar consecutivo. Otra vez con la Honda 650 XR que preparó el mismo, y otra vez sin asistencia.
En tales condiciones, no es de extrañar que Bernard Montaz acumule las averÃas desde la salida del rally. Tras apenas 76 km de enlace en la primera etapa, se le rompió el motor. Pero el saboyano no es un principiante: tenÃa previsto un motor de repuesto en caso de que la mala suerte se acordara de él antes de las pistas africanas. Entonces llamó a sus amigos Jacky y Joseph, que suelen acompañarlo por toda Europa. Es que el famoso motor se hallaba en el baúl del camping car de los dos compinches. Desafortunadamente, como Jacky y Joseph no tenÃan la posibilidad de recorrer el tramo del enlace en sentido contrario, lo que hicieron fue dejárselo a Francisco, barman en una estación de servicio de la autovÃa. La situación puede parecer complicada, pero Bernard no suele dejarse impresionar. Apretando los dientes, el piloto se fue en cámara lenta hasta la estación de servicio. Tras agradecer a Francisco, Bernard se fue con su motor nuevo hasta donde se encontraban sus amigos, es decir al borde de la carretera y al lado de un concesionario de motos. A pedido de Bernard, el dueño aceptó abrir el taller para que cambiaran la unidad.
Ahà fue donde intervino Jacky, campeón del mundo de mecánicos de Honda. En 37 minutos, desarmaron el motor roto y lo reemplazaron por el nuevo. Bernard no llegó a tiempo para disputar la especial, pero el reglamento prevé este tipo de situaciones en la parte europea. Al no participar en la primera especial y al cambiar el motor, recibió una penalidad de 10 horas, pero a Bernard le da igual. "¿Te das cuenta? Crees que estás muerto y en realidad estás vivo. ¡Qué locura!", se entusiasma.
Eufórico, Bernard intentó reducir su retraso atacando en la segunda especial y terminó cayéndose, no una sino dos veces. Asà se rompió un dedo del pie, pero el saboyano no suele quejarse. Los primeros kilómetros africanos los pasó de maravilla, salvo una leve caÃda. Bernard está contento, le gusta estar en Ãfrica. HacÃa seis meses que lo venÃa esperando. Por eso, pase lo que pase, Bernard seguirá sonriendo.
cochestest
¿Quién se olvidó de la imagen de esa moto trasladada hasta el vivaque por un helicóptero? Nadie, entre otras cosas porque simbolizaba los sufrimientos por los que pasaron el año pasado los corredores entre Zouerat y Tichit. Esa moto colgada de un cable era la de Bernard Montaz, quien tuvo que abandonar por segundo año consecutivo, por culpa de un carburador lleno de arena y por su sentido extremo de la solidaridad. "No quisiera presentarme como un socorrista del desierto, pero me es imposible no ayudar a un colega en apuros. No logro acostumbrarme al sufrimiento de los demás. En realidad, seguramente hubiese podido resolver mi problema, pero la situación era insoportable alrededor mÃo…" A cualquiera le hubiese quitado las ganas de disputar otro Dakar, pero a Bernard no. "Al volver a casa, le dije a todo el mundo que no pensaba volver al rally… Pero en junio, ya no me acordaba de nada… Ese es el principal problema del Dakar: cuesta volver a intentarlo, pero cuesta aún más no volver a intentarlo". Hoy, con 48 años, este piloto oriundo del sur de los Alpes emprende su séptimo Dakar consecutivo. Otra vez con la Honda 650 XR que preparó el mismo, y otra vez sin asistencia.
En tales condiciones, no es de extrañar que Bernard Montaz acumule las averÃas desde la salida del rally. Tras apenas 76 km de enlace en la primera etapa, se le rompió el motor. Pero el saboyano no es un principiante: tenÃa previsto un motor de repuesto en caso de que la mala suerte se acordara de él antes de las pistas africanas. Entonces llamó a sus amigos Jacky y Joseph, que suelen acompañarlo por toda Europa. Es que el famoso motor se hallaba en el baúl del camping car de los dos compinches. Desafortunadamente, como Jacky y Joseph no tenÃan la posibilidad de recorrer el tramo del enlace en sentido contrario, lo que hicieron fue dejárselo a Francisco, barman en una estación de servicio de la autovÃa. La situación puede parecer complicada, pero Bernard no suele dejarse impresionar. Apretando los dientes, el piloto se fue en cámara lenta hasta la estación de servicio. Tras agradecer a Francisco, Bernard se fue con su motor nuevo hasta donde se encontraban sus amigos, es decir al borde de la carretera y al lado de un concesionario de motos. A pedido de Bernard, el dueño aceptó abrir el taller para que cambiaran la unidad.
Ahà fue donde intervino Jacky, campeón del mundo de mecánicos de Honda. En 37 minutos, desarmaron el motor roto y lo reemplazaron por el nuevo. Bernard no llegó a tiempo para disputar la especial, pero el reglamento prevé este tipo de situaciones en la parte europea. Al no participar en la primera especial y al cambiar el motor, recibió una penalidad de 10 horas, pero a Bernard le da igual. "¿Te das cuenta? Crees que estás muerto y en realidad estás vivo. ¡Qué locura!", se entusiasma.
Eufórico, Bernard intentó reducir su retraso atacando en la segunda especial y terminó cayéndose, no una sino dos veces. Asà se rompió un dedo del pie, pero el saboyano no suele quejarse. Los primeros kilómetros africanos los pasó de maravilla, salvo una leve caÃda. Bernard está contento, le gusta estar en Ãfrica. HacÃa seis meses que lo venÃa esperando. Por eso, pase lo que pase, Bernard seguirá sonriendo.

"Con ganas de seguir adelante"
Eric Vigouroux – Alexandre Winocq
Eric Vigouroux está enamorado del Dakar desde hace mucho tiempo. Todo empezó hace más de veinte años, cuando el francés descubrió el rally por la tele. Los aventureros de las primeras ediciones, que cruzaban el desierto con máquinas extraordinarias, sembraron muchos sueños en su imaginación. Recién resolvió probar suerte en 1997, con una idea muy precisa: convertirse en el primer piloto que termine el Dakar en quad. El desafÃo era de lo más arriesgado, pero Eric supo mostrarse paciente. Tras dos abandonos sucesivos en 1997 y 1998, logró llegar a Dakar en 1999, ocupando la 10ª posición de la general. "Esa primera llegada al Lago Rosado marcó el principio de mi historia de amor con el Dakar, nos cuenta. No se pueden imaginar el sentimiento que me invadió al descubrir la playa de Dakar. Es a la vez un alivio, porque llegas a meta, y unas ganas locas de volver a empezar".
Eric tomó nuevamente la largada el año siguiente, pero con otro ingenio. En vez del quad, emprendió el Dakar al volante de un Pro-Truck, un monstruo propulsado por un motor Chevrolet. "Es una máquina muy impresionante. Como con un quad, hay que hacer muchos esfuerzos para ser competitivo", subraya Eric, quien obtuvo en 2001 un alentador 37° puesto antes de abandonar en 2002 y terminar en 14ª posición en 2003. "El abandono de 2002 me lo tomé muy mal. Por eso decidà volver a intentarlo enseguida. Mi 14° puesto del 2003 y el 26° del 2004 me permitieron acumular experiencia y ganas de seguir adelante hasta terminar un dÃa entre los 10 primeros." A pesar de ello, en 2005 decidió no tomar la salida, porque el coche no encajaba con el nuevo reglamento. Este año, tomó la salida con la voluntad de obtener un buen resultado. Con sus colegas estadounidenses, desarrolló un nuevo Pick-up que le permitirá luchar con los mejores. En las primeras especiales portuguesas, el coche demostró sus cualidades: "Hace un año y medio que estamos trabajando con este coche. Los últimos tests, que realizamos en Arizona a principios de noviembre, fueron muy interesantes. Por eso decidimos competir con este coche. Era una decisión un tanto descabellada, pero estamos descubriendo un coche que se comporta muy bien en carrera. Estábamos un poco preocupados, pero todo salió bien, no nos equivocamos en nada, ni en el material y en la gente con la que trabajamos". Para el resto de la carrera, Eric tiene un objetivo muy claro: "Lo que queremos es mejorar el 14° puesto que conseguimos en 2003 y eventualmente ganar la categorÃa 2 ruedas motrices." 30° al cabo de las dos primeras especiales, Eric Vigouroux no se enloquece. Porque sabe que en el desierto es donde mejor se comportará su máquina.
Eric Vigouroux está enamorado del Dakar desde hace mucho tiempo. Todo empezó hace más de veinte años, cuando el francés descubrió el rally por la tele. Los aventureros de las primeras ediciones, que cruzaban el desierto con máquinas extraordinarias, sembraron muchos sueños en su imaginación. Recién resolvió probar suerte en 1997, con una idea muy precisa: convertirse en el primer piloto que termine el Dakar en quad. El desafÃo era de lo más arriesgado, pero Eric supo mostrarse paciente. Tras dos abandonos sucesivos en 1997 y 1998, logró llegar a Dakar en 1999, ocupando la 10ª posición de la general. "Esa primera llegada al Lago Rosado marcó el principio de mi historia de amor con el Dakar, nos cuenta. No se pueden imaginar el sentimiento que me invadió al descubrir la playa de Dakar. Es a la vez un alivio, porque llegas a meta, y unas ganas locas de volver a empezar".
Eric tomó nuevamente la largada el año siguiente, pero con otro ingenio. En vez del quad, emprendió el Dakar al volante de un Pro-Truck, un monstruo propulsado por un motor Chevrolet. "Es una máquina muy impresionante. Como con un quad, hay que hacer muchos esfuerzos para ser competitivo", subraya Eric, quien obtuvo en 2001 un alentador 37° puesto antes de abandonar en 2002 y terminar en 14ª posición en 2003. "El abandono de 2002 me lo tomé muy mal. Por eso decidà volver a intentarlo enseguida. Mi 14° puesto del 2003 y el 26° del 2004 me permitieron acumular experiencia y ganas de seguir adelante hasta terminar un dÃa entre los 10 primeros." A pesar de ello, en 2005 decidió no tomar la salida, porque el coche no encajaba con el nuevo reglamento. Este año, tomó la salida con la voluntad de obtener un buen resultado. Con sus colegas estadounidenses, desarrolló un nuevo Pick-up que le permitirá luchar con los mejores. En las primeras especiales portuguesas, el coche demostró sus cualidades: "Hace un año y medio que estamos trabajando con este coche. Los últimos tests, que realizamos en Arizona a principios de noviembre, fueron muy interesantes. Por eso decidimos competir con este coche. Era una decisión un tanto descabellada, pero estamos descubriendo un coche que se comporta muy bien en carrera. Estábamos un poco preocupados, pero todo salió bien, no nos equivocamos en nada, ni en el material y en la gente con la que trabajamos". Para el resto de la carrera, Eric tiene un objetivo muy claro: "Lo que queremos es mejorar el 14° puesto que conseguimos en 2003 y eventualmente ganar la categorÃa 2 ruedas motrices." 30° al cabo de las dos primeras especiales, Eric Vigouroux no se enloquece. Porque sabe que en el desierto es donde mejor se comportará su máquina.
