Cara a cara
motos

Rosa del desierto
Patsy Quick,
"En Inglaterra, existe una tradición que dice que las mujeres son rosas, pero prefiero imaginarme como una rosa del desierto que como una rosa del jardÃn". Patsy se saca el casco, tiene las manos cubiertas de ampollas. Sus rubios cabellos esculpidos por la arena se iluminan con el sol matutino de Labé: a pesar del cansancio, a pesar de los problemas, una luz intensa centellea en sus ojos. "No quisiera equivocarme, pero creo que esta vez, sà que podré llegar". Después sonrÃe, deseando que la suerte que la acompañó hasta hoy no la abandone antes de la meta. "Es mi cuarto Dakar y nunca logré terminar. Me caà violentamente en 2003 y me rompà el bazo, me pasé cuarenta y ocho horas sola en el desierto en 2004 antes de que me desclasificaran y el año pasado tuve que dejarlo por problemas de baterÃa… Con lo cual este año, llegaré a Dakar cueste lo que cueste", nos contaba antes de largar.
Esta vez, todo le está saliendo bien a Patsy. Bueno, como muchos otros, sufrió más de la cuenta en la arena mauritana, perdió tiempo quedándose bloqueada entre dos dunas, y hasta pensó que los dioses del desierto iban a poner punto final a su sueño. Pero Patsy supo aguantar, supo repeler los momentos de duda que la invadieron de vez en cuando. "Cada tarde, al llegar al vivaque, estaba más cansada que el dÃa anterior. Pero con la moto no tuve ningún problema. Era una cuestión de voluntad, de tener ganas de no ceder nunca, de superar dÃa tras dÃa mis supuestos lÃmites". Clive Town, el amigo de siempre, con el que rueda desde sus primeros rallys, sigue a su lado. Clive supo alentarla y empujarla cuando hacÃa falta. Y calmarla también, cuando atacó demasiado para llegar antes a la orilla del Lago Rosado. "Clive tenÃa razón, reconoce Patsy, a veces me embalo cuando en realidad deberÃa aprovechar los momentos en que me siento bien para no malgastar mis energÃas. Qué vamos a hacerle, yo soy asÃ…"
En la vida cotidiana, Patsy es una mujer tranquila, una anticuaria de East Sussex que se ocupa de sus adornos, sus perros y su cerdo. Pero cuando llega el fin de semana, se pone las botas, una cazadora de cuero negra con un águila en la espalda, y sale a recorrer los caminos embarrados de los alrededores. Pensando en una historia de rosas y de arena. Una rosa que por fin logró abrirse a la orilla del Lago Rosado.
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"En Inglaterra, existe una tradición que dice que las mujeres son rosas, pero prefiero imaginarme como una rosa del desierto que como una rosa del jardÃn". Patsy se saca el casco, tiene las manos cubiertas de ampollas. Sus rubios cabellos esculpidos por la arena se iluminan con el sol matutino de Labé: a pesar del cansancio, a pesar de los problemas, una luz intensa centellea en sus ojos. "No quisiera equivocarme, pero creo que esta vez, sà que podré llegar". Después sonrÃe, deseando que la suerte que la acompañó hasta hoy no la abandone antes de la meta. "Es mi cuarto Dakar y nunca logré terminar. Me caà violentamente en 2003 y me rompà el bazo, me pasé cuarenta y ocho horas sola en el desierto en 2004 antes de que me desclasificaran y el año pasado tuve que dejarlo por problemas de baterÃa… Con lo cual este año, llegaré a Dakar cueste lo que cueste", nos contaba antes de largar.
Esta vez, todo le está saliendo bien a Patsy. Bueno, como muchos otros, sufrió más de la cuenta en la arena mauritana, perdió tiempo quedándose bloqueada entre dos dunas, y hasta pensó que los dioses del desierto iban a poner punto final a su sueño. Pero Patsy supo aguantar, supo repeler los momentos de duda que la invadieron de vez en cuando. "Cada tarde, al llegar al vivaque, estaba más cansada que el dÃa anterior. Pero con la moto no tuve ningún problema. Era una cuestión de voluntad, de tener ganas de no ceder nunca, de superar dÃa tras dÃa mis supuestos lÃmites". Clive Town, el amigo de siempre, con el que rueda desde sus primeros rallys, sigue a su lado. Clive supo alentarla y empujarla cuando hacÃa falta. Y calmarla también, cuando atacó demasiado para llegar antes a la orilla del Lago Rosado. "Clive tenÃa razón, reconoce Patsy, a veces me embalo cuando en realidad deberÃa aprovechar los momentos en que me siento bien para no malgastar mis energÃas. Qué vamos a hacerle, yo soy asÃ…"
En la vida cotidiana, Patsy es una mujer tranquila, una anticuaria de East Sussex que se ocupa de sus adornos, sus perros y su cerdo. Pero cuando llega el fin de semana, se pone las botas, una cazadora de cuero negra con un águila en la espalda, y sale a recorrer los caminos embarrados de los alrededores. Pensando en una historia de rosas y de arena. Una rosa que por fin logró abrirse a la orilla del Lago Rosado.

Un charrúa en el Dakar
Laurent Lazard
De cansancio ni hablar. Bajo el cálido sol de Dakar, el único sentimiento que ilumina su rostro es la felicidad. Con 27 años, Laurent Lazard está por cumplir con un sueño de infancia. Asà y todo, nos confiesa el cansancio mental que lo invade al cabo de una "aventura humana" que no se imaginaba tan dura. Hoy será el primer uruguayo en terminar el Dakar, algo que lo hace sentirse muy orgulloso.
La principal satisfacción de este endurista acostumbrado a los rallys raids (ya lleva 25) es el no haber pasado por el infierno que vivieron otros pilotos. Fuera de un problema mecánico en Marruecos, de varias caÃdas sin consecuencias fÃsicas y de algún que otro atascamiento lógico en las dunas mauritanas, no le ocurrió nada grave. Sin embargo, tiene la sensación de terminar la prueba destrozado. "Es muy duro en el aspecto psicológico, hasta lloré varias veces mientras rodaba, nos dice. Pensaba que era muy malo, pero me tranquilicé cuando vi que los mejores también se perdÃan y también sufrÃan". Uno de los temores de Laurent era la falta de sueño, pero gracias a sus buenos resultados, pudo acostarse todos los dÃas alrededor de las 20:30 h, como sus amigos David Casteu y Carlo de Gavardo.
El año pasado, Laurent se hallaba en Barcelona para alentar a su amigo mexicano Pedro de Uriarte y para impregnarse del ambiente. Este año, entró en la familia del Dakar el 31 de diciembre en el centro cultura de Lisboa con sumo placer. Originario de Nîmes (sur de Francia), Laurent vive desde hace siete años en una pequeña estación balnearia uruguaya, Las Toscas. Su amor de los grandes espacios lo impulsó a organizar raids de aventura en Patagonia. En Uruguay, es una estrella del motociclismo: aparece a menudo en los programas de televisión y recibió el Premio Charrúa tras conseguir el mejor tiempo en el Master Rallye 2002 y dos segundas posiciones en el Rally de Argentina, por detrás de Carlo de Gavardo. "Los grandes canales del continente, como Fox Sport y ESPN, hablan de mà todos los dÃas desde que salimos de Lisboa", nos cuenta, muy sonriente.
Más que su clasificación en Dakar (32°), lo que más le interesa a Laurent es aprovechar su experiencia: "QuerÃa llegar a Dakar para que los motoristas uruguayos se interesaran por la carrera. Soy el único piloto del paÃs que correr fuera del continente sudamericano. Entonces, como tengo doble nacionalidad y como a los uruguayos les encantan los deportes mecánicos, me convertà en su embajador. Mi intención es abrirle el camino a los demás". Para eso armó una estructura de carrera destinada a un grupito de amigos enduristas, con los que disputará primero una serie de pequeños rallys en Europa. Una excelente preparación para el Dakar 2007...
De cansancio ni hablar. Bajo el cálido sol de Dakar, el único sentimiento que ilumina su rostro es la felicidad. Con 27 años, Laurent Lazard está por cumplir con un sueño de infancia. Asà y todo, nos confiesa el cansancio mental que lo invade al cabo de una "aventura humana" que no se imaginaba tan dura. Hoy será el primer uruguayo en terminar el Dakar, algo que lo hace sentirse muy orgulloso.
La principal satisfacción de este endurista acostumbrado a los rallys raids (ya lleva 25) es el no haber pasado por el infierno que vivieron otros pilotos. Fuera de un problema mecánico en Marruecos, de varias caÃdas sin consecuencias fÃsicas y de algún que otro atascamiento lógico en las dunas mauritanas, no le ocurrió nada grave. Sin embargo, tiene la sensación de terminar la prueba destrozado. "Es muy duro en el aspecto psicológico, hasta lloré varias veces mientras rodaba, nos dice. Pensaba que era muy malo, pero me tranquilicé cuando vi que los mejores también se perdÃan y también sufrÃan". Uno de los temores de Laurent era la falta de sueño, pero gracias a sus buenos resultados, pudo acostarse todos los dÃas alrededor de las 20:30 h, como sus amigos David Casteu y Carlo de Gavardo.
El año pasado, Laurent se hallaba en Barcelona para alentar a su amigo mexicano Pedro de Uriarte y para impregnarse del ambiente. Este año, entró en la familia del Dakar el 31 de diciembre en el centro cultura de Lisboa con sumo placer. Originario de Nîmes (sur de Francia), Laurent vive desde hace siete años en una pequeña estación balnearia uruguaya, Las Toscas. Su amor de los grandes espacios lo impulsó a organizar raids de aventura en Patagonia. En Uruguay, es una estrella del motociclismo: aparece a menudo en los programas de televisión y recibió el Premio Charrúa tras conseguir el mejor tiempo en el Master Rallye 2002 y dos segundas posiciones en el Rally de Argentina, por detrás de Carlo de Gavardo. "Los grandes canales del continente, como Fox Sport y ESPN, hablan de mà todos los dÃas desde que salimos de Lisboa", nos cuenta, muy sonriente.
Más que su clasificación en Dakar (32°), lo que más le interesa a Laurent es aprovechar su experiencia: "QuerÃa llegar a Dakar para que los motoristas uruguayos se interesaran por la carrera. Soy el único piloto del paÃs que correr fuera del continente sudamericano. Entonces, como tengo doble nacionalidad y como a los uruguayos les encantan los deportes mecánicos, me convertà en su embajador. Mi intención es abrirle el camino a los demás". Para eso armó una estructura de carrera destinada a un grupito de amigos enduristas, con los que disputará primero una serie de pequeños rallys en Europa. Una excelente preparación para el Dakar 2007...
