Cara a cara
motos

Más allá del cansancio
Henno Van Bergeik,
Henno Van Bergeik es un aventurero, un tipo duro, una roca, una de esas personas que pasearon su atrevimiento por los cinco continentes. Una vez, cogió su viejo Peugeot 505 y se fue de Ãmsterdam al NÃger pasando por Mongolia, solo, únicamente para ver si la Tierra es lo suficientemente grande para él. Pero esta vez, no puede más. O casi.
Bamako. 1:10 h. Henno llega al vivaque. Estuvo durmiendo un rato antes de emprender el enlace. "No daba más, era una estupidez recorrer esos 450 km sin descansar un poco." Henno se junta con sus colegas, los de la "malle moto", que lo aclaman en cuanto lo ven llegar. Está hecho pedazos, hecho trizas, hecho polvo. Desde Nuakchot, durmió apenas dos horas en el vivaque. Y en camino, a veces consiguió que le prestaran una cama, a veces lo acogieron para que se diera una ducha y otras veces le regalaron un poco de leche de cabra. Asà pudo seguir adelante. "Desde el dÃa de descanso, esto es un infierno. Pensaba que al llegar a Nuakchot, habÃa pasado lo peor, no tenÃa idea de lo que me esperaba. Para ir de Nouakchott a Kiffa tardé 24 horas. Llegué una hora después de la largada para Kayes, entonces tuve que empalmar". Lo esperaban interminables kilómetros de arena bajo el calor abrasador del MalÃ, pistas accidentadas, bordeadas de árboles y cortadas por ramas. Lo esperaban también los problemas mecánicos de su vieja 500 XT. "Esta moto para mà es una leyenda. Con esta moto ganó Cyril Neveu el primer Dakar en 1979. Por eso tuve ganas de ver si me podÃa llevar hasta el Lago Rosado." Pero la máquina está sufriendo más de la cuenta. "Todos los dÃas, tengo que pararme al borde de la carretera para verificar el nivel de aceite, limpiar el carburador o cambiar el filtro de aire. Entonces aprovecho para dormir unos minutos. Pero antes de cerrar los ojos, me cercioro de que la moto esté en el buen sentido. Porque si no, cuando me despierto, como estoy tan destrozado, corro el riesgo salir para el lado opuesto sin darme cuenta".
Hace tres dÃas que Henno está por tirar la toalla. El camión escoba ronda alrededor suyo como una amenaza difusa. "Ya me negué tres veces a subirme en el camión. No tengo pensado abandonar, voy a aguantar hasta el último kilómetro. Es mucho más que una cuestión de orgullo. Hasta hoy, siempre llevé a cabo los desafÃos que me propuse". Y el Dakar es uno de ellos...
motos
Henno Van Bergeik es un aventurero, un tipo duro, una roca, una de esas personas que pasearon su atrevimiento por los cinco continentes. Una vez, cogió su viejo Peugeot 505 y se fue de Ãmsterdam al NÃger pasando por Mongolia, solo, únicamente para ver si la Tierra es lo suficientemente grande para él. Pero esta vez, no puede más. O casi.
Bamako. 1:10 h. Henno llega al vivaque. Estuvo durmiendo un rato antes de emprender el enlace. "No daba más, era una estupidez recorrer esos 450 km sin descansar un poco." Henno se junta con sus colegas, los de la "malle moto", que lo aclaman en cuanto lo ven llegar. Está hecho pedazos, hecho trizas, hecho polvo. Desde Nuakchot, durmió apenas dos horas en el vivaque. Y en camino, a veces consiguió que le prestaran una cama, a veces lo acogieron para que se diera una ducha y otras veces le regalaron un poco de leche de cabra. Asà pudo seguir adelante. "Desde el dÃa de descanso, esto es un infierno. Pensaba que al llegar a Nuakchot, habÃa pasado lo peor, no tenÃa idea de lo que me esperaba. Para ir de Nouakchott a Kiffa tardé 24 horas. Llegué una hora después de la largada para Kayes, entonces tuve que empalmar". Lo esperaban interminables kilómetros de arena bajo el calor abrasador del MalÃ, pistas accidentadas, bordeadas de árboles y cortadas por ramas. Lo esperaban también los problemas mecánicos de su vieja 500 XT. "Esta moto para mà es una leyenda. Con esta moto ganó Cyril Neveu el primer Dakar en 1979. Por eso tuve ganas de ver si me podÃa llevar hasta el Lago Rosado." Pero la máquina está sufriendo más de la cuenta. "Todos los dÃas, tengo que pararme al borde de la carretera para verificar el nivel de aceite, limpiar el carburador o cambiar el filtro de aire. Entonces aprovecho para dormir unos minutos. Pero antes de cerrar los ojos, me cercioro de que la moto esté en el buen sentido. Porque si no, cuando me despierto, como estoy tan destrozado, corro el riesgo salir para el lado opuesto sin darme cuenta".
Hace tres dÃas que Henno está por tirar la toalla. El camión escoba ronda alrededor suyo como una amenaza difusa. "Ya me negué tres veces a subirme en el camión. No tengo pensado abandonar, voy a aguantar hasta el último kilómetro. Es mucho más que una cuestión de orgullo. Hasta hoy, siempre llevé a cabo los desafÃos que me propuse". Y el Dakar es uno de ellos...
Patricia Watson Miller, aventurera de padre en hija
Lo peor es que, a pesar de todo, Patricia sigue sonriendo. Incluso se rÃe a carcajadas. A pesar del cansancio, las caÃdas, los kilómetros que, dÃa tras dÃa, lastiman cada vez más su cuerpo de mujer. Ella se rÃe, disfruta cada instante de este largo viaje que la lleva de Lisboa a Dakar.
Y eso que nada fue fácil. Una primera semana muy accidentada en las pistas marroquÃes, piedras que golpean la moto o que la hacen deslizar. Patricia se cayó muchas veces, violentamente, pero siempre siguió adelante, cada vez más determinada. Más consciente que cuando tomaba la salida junto con su padre, Herbert Scheck, del primero de sus cinco Dakar. "Con 22 años, era una loca. Andaba en moto desde la edad de ocho años e iba a tope todo el tiempo, estaba segura de que no me podÃa pasar nada. Sólo pensaba en Dakar y en obtener la mejor posición posible". Ese primer año tuvo que abandonar, pero los tres siguientes llegó a Dakar. Luego lo dejó durante quince años, para casarse, tener hijos y trabajar un poco.
Hoy dÃa, Patricia trabaja en un banco de inversiones londinense. Sus niños están grandes. Hace unos años, decidió que tenÃa ganas de volver a andar en moto. "Me dieron ganas de volver a hacer enduro y participar en rallys, pero no con el objetivo que tenÃa antes. Hoy corro más tranquila. De hecho, este Dakar no se parece en nada a los que corrà antes. Y hasta creo que aprovecho mejor, estoy más tranquila, incluso cuando las cosas me salen mal". Como en la etapa de Kiffa. "Al principio, iba bien, las dunas no me planteaban ningún problema. De hecho, era una etapa guapÃsima". Pero al cabo de 550 km llegó la noche. Y cuando Patricia intentó encender las luces, no andaban.
De repente, Patricia estaba sola en el medio del desierto. "De noche, sin luces en medio de las dunas, estás perdida. Intenté parar a las motos y los coches que pasaban, pero nada. Entonces me acordé de un consejo que me habÃa dado mi padre cuando corrimos juntos mis primeros rallys: "si tienes un problema, sácate el casco para que vean que eres una mujer…" Entonces me saqué el casco y el primer coche que pasó se detuvo. Me acompañaron durante cien metros y después siguieron camino. Por suerte después apareció Laurent Maurice, que me acompañó hasta el final de la etapa. Me caà mil veces, pero me ayudó a levantar la moto y me alentó. Yo tenÃa ganas de dormir en las dunas y terminar la etapa una vez que amaneciera. Pero él me ayudó a que terminara." Juntos, llegaron a las 5:00 h de la madrugada. Durmieron apenas dos horas y siguieron camino hacia Kayes.
Desde entonces, Patricia no tuvo ningún problema. Encontró su ritmo y su equilibrio en un rally que cambió mucho. A menos que haya evolucionado ella. "Nunca habÃa disfrutado tanto en un rally. Hoy lo vivo de otra manera. No quiero sólo llegar a Dakar, sino aprovechar cada momento. Porque con cuarenta años, no se mira el mundo de la misma manera, aunque al fondo, mi objetivo no varió: superar mis lÃmites. Lo que pasa es que a mi edad, mis lÃmites no son los mismos que cuando tenÃa veinte años".
Y eso que nada fue fácil. Una primera semana muy accidentada en las pistas marroquÃes, piedras que golpean la moto o que la hacen deslizar. Patricia se cayó muchas veces, violentamente, pero siempre siguió adelante, cada vez más determinada. Más consciente que cuando tomaba la salida junto con su padre, Herbert Scheck, del primero de sus cinco Dakar. "Con 22 años, era una loca. Andaba en moto desde la edad de ocho años e iba a tope todo el tiempo, estaba segura de que no me podÃa pasar nada. Sólo pensaba en Dakar y en obtener la mejor posición posible". Ese primer año tuvo que abandonar, pero los tres siguientes llegó a Dakar. Luego lo dejó durante quince años, para casarse, tener hijos y trabajar un poco.
Hoy dÃa, Patricia trabaja en un banco de inversiones londinense. Sus niños están grandes. Hace unos años, decidió que tenÃa ganas de volver a andar en moto. "Me dieron ganas de volver a hacer enduro y participar en rallys, pero no con el objetivo que tenÃa antes. Hoy corro más tranquila. De hecho, este Dakar no se parece en nada a los que corrà antes. Y hasta creo que aprovecho mejor, estoy más tranquila, incluso cuando las cosas me salen mal". Como en la etapa de Kiffa. "Al principio, iba bien, las dunas no me planteaban ningún problema. De hecho, era una etapa guapÃsima". Pero al cabo de 550 km llegó la noche. Y cuando Patricia intentó encender las luces, no andaban.
De repente, Patricia estaba sola en el medio del desierto. "De noche, sin luces en medio de las dunas, estás perdida. Intenté parar a las motos y los coches que pasaban, pero nada. Entonces me acordé de un consejo que me habÃa dado mi padre cuando corrimos juntos mis primeros rallys: "si tienes un problema, sácate el casco para que vean que eres una mujer…" Entonces me saqué el casco y el primer coche que pasó se detuvo. Me acompañaron durante cien metros y después siguieron camino. Por suerte después apareció Laurent Maurice, que me acompañó hasta el final de la etapa. Me caà mil veces, pero me ayudó a levantar la moto y me alentó. Yo tenÃa ganas de dormir en las dunas y terminar la etapa una vez que amaneciera. Pero él me ayudó a que terminara." Juntos, llegaron a las 5:00 h de la madrugada. Durmieron apenas dos horas y siguieron camino hacia Kayes.
Desde entonces, Patricia no tuvo ningún problema. Encontró su ritmo y su equilibrio en un rally que cambió mucho. A menos que haya evolucionado ella. "Nunca habÃa disfrutado tanto en un rally. Hoy lo vivo de otra manera. No quiero sólo llegar a Dakar, sino aprovechar cada momento. Porque con cuarenta años, no se mira el mundo de la misma manera, aunque al fondo, mi objetivo no varió: superar mis lÃmites. Lo que pasa es que a mi edad, mis lÃmites no son los mismos que cuando tenÃa veinte años".
