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etapa 13 - Viernes 13 de enero de 2006 | Labé > Tambacounda
  • Enlace  7 km
  • Especial 348 km
  • Enlace 212 km
  • Total  567 km
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Cara a cara

motos

Samurai del desierto _ Samurai del desierto

Hideki Kashiwa (n°212)

Está que no da más pero no dice una palabra. Prefiere sonreír. Sencillamente. Cansancio físico y buena educación mezcladas en una sola postura. En el caos de los vehículos de asistencia, Hideki Kashiwa, valiente motorista del Sol Levante, saborea cada instante, cada kilómetro. Cerca de él, parece que el tiempo no avanzara. Acurrucado en su pesado mono anaranjado, está sentado en una silla debajo de la tienda de los Sugawara padre e hijo, que compiten en la categoría camiones. Aquí es donde, cada noche, se reúne la comunidad nipona del Dakar alrededor de una sopa miso con fideos râmen. Para afrontar la dureza de la prueba.

Con cincuenta y dos años, Kashiwa conoce bien el Dakar: ya cubrió numerosas ediciones como periodista. Antes de lanzarse en la aventura, porque, según él, "sólo puede hablarse bien de lo que ya se sintió, aún más en el caso de los motoristas". Participar en el Dakar también es un sueño para este apasionado de motos que da clases en la escuela de pilotaje que montó en Tokio. Al principio, probó el Safari Rally, en Australia. Y recién apareció en la largada del mítico rally en 1996, año del Granada-Dakar, por una de esas casualidades de la vida: "Conocí a Jean-Claude Olivier (presidente de Yamaha Motor Francia), que supo motivarme ofreciéndome un apoyo logístico. También me dio una XTZ 850… la misma que Stéphane Peterhansel". Pero ese año le faltó suerte y tuvo que abandonar por un problema de gasolina, como "Peter". El año siguiente, se vengó conquistando un muy buen 35° puesto en la capital senegalesa.

Este año, Hideki Kashiwa volvió a la prueba, al cabo de ocho años de ausencia, con una intención muy clara: "llegar al Lago Rosado disfrutando de la carrera". Aún así, nos cuesta descubrir los misterios que atraviesan a este hombre discreto. A raíz de sus numerosas caídas, en Marruecos y Mauritania, tiene el cuerpo hecho pedazos: un hombro luxado, una costilla fisurada y un gran hematoma en una pierna. A pesar de todo, nos confiesa que las dunas le encantaron y que "el Dakar es un motor increíble. Yo soy una persona inquieta y el participar en este tipo de rallys me ayuda a relativizar mis problemas personales".

La caravana salía ayer de Bamako (Malí) camino a Labé (Guinea), y el dorsal 212 se sentía cada vez más cerca de su objetivo: ser el primer motorista japonés de más de 50 años en llegar a Dakar.
motos

Stéphane Hamard, despacio pero seguro

Qué lejos está Stéphane de su tierra, de su isla de la Reunión y de sus playas de arena blanca bordeadas por hermosas lagunas azuladas, lejos de los caminos de piedra que zigzaguean entre Saint-Denis y Sainte-Rose, entre las calas de Cilaos y Saláis, hasta el pie del volcán. Sin embargo, Stéphane está en su elemento, en el corazón de una aventura que decidió vivir solo, sin asistencia. Por falta de presupuesto, obviamente, pero también por ganas de acercarse a la verdad del Dakar. "No tengo asistencia, entonces cuido la moto al máximo. No la puedo destruir en una etapa y después pasarme toda la noche reparándola. Por tanto, ruedo al 70 % de mis posibilidades para no arriesgar. Así no llego nunca muy tarde, tengo tiempo para reparar algunas cositas, descansar y tomar la salida el día siguiente en buenas condiciones". Porque lo que está claro, para Stéphane, es que llegará a Dakar.

Pero entre el dicho y el hecho, hay un largo trecho. Al equivocarse de tipo de neumáticos en la primera especial africana, Stéphane pinchó y perdió el ritmo. El día siguiente, tuvo que rodar rápido para volver a una zona más segura. "En la segunda especial marroquí, lo hice muy bien y adelanté como a cien motos. Así pude entrar en Mauritania con un ritmo más adecuado." Pero el Dakar no es una carrera de regularidad. Hay que seguir una cadencia, cada vez más rápida. "En la etapa de Nuakchot, había que mantener la concentración. Pero en una aceleración se me escapó la moto. Traté de aguantarla y terminé entre las piedras. Enseguida sentí que me había estropeado el tobillo. Apreté fuerte la bota para terminar la etapa, pero al llegar, me dolía muchísimo." Los médicos le dijeron que tenía un esguince bastante grave.

Ahora Stéphane rueda aún más despacio, si bien a veces le cuesta no darle al acelerador. "A veces, tengo ganas de acelerar, pero no lo hago, porque tengo que ir con cuidado. Lo importante es controlar los eventos cuando se presentan. Avanzando tranquilamente. Tengo una buena capacidad de análisis y creo que en el Dakar, es una virtud." Para volver a vivir sensaciones más intensas, tendrá que esperar las carreras de velocidad y enduro de la isla de La Reunión. Por ahora, saborea, aprovecha, disfruta los paisajes que va descubriendo. "¡Mauritania es increíble! En una jornada, se ven cambios geográficos grandiosos, suelos muy variados. Creo que aún vamos a ver muchos paisajes nuevos. Pero lo que más me impresionó, por ahora, fueron las dunas de arena blanda de Mauritania. ¡Asombroso!"

Entre tiempo descubrió el Malí, sus pistas sinuosas que se cruzan y vuelven a cruzarse, formando un extraño laberinto, sus aldeas alegres, y Guinea, un país tropical muy verde… Riquezas que nunca se había imaginado… "El Dakar es algo increíble. Es cierto que es difícil, muy difícil incluso. Pero sinceramente, sí que vale la pena".