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etapa 11 - Miércoles 11 de enero de 2006 | Kayes > Bamako
  • Enlace  50 km
  • Especial 231 km
  • Enlace 424 km
  • Total  705 km
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Cara a cara

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Frans Verhoeven (n°15)

Tiene una sonrisa resplandeciente, como las que aparecen en los anuncios de dentífrico. Con su pinta de joven actor, Frans Verhoeven, empresario en el sector de las obras públicas, había obtenido excelentes resultados el año pasado: mejor debutante, 16° de la general y vencedor de la súper producción en 450 cm3. Un resultado sorprendente para un piloto que al llegar a Barcelona, ni siquiera conocía el funcionamiento de un GPS… Tras esa fructuosa primera experiencia, el piloto privado del equipo Yamaha Holland, de 39 años de edad, se presentó este año en la largada con otras ambiciones, revisadas al alza. Pero…

Frans decidió contarnos sus desventuras a la sombra de un zeguené, árbol silvestre de la zona del Sahel, plantado en el medio del vivaque de Kayes, al término de la primera de las dos etapas malienses. El calor es abrumador. Bebe apresuradamente, respira hondo y nos dice: "Hasta Uarzazate, estuve rodando bien, iba entre los veinte primeros, me encantan las piedras". De hecho, el campeón de Holanda de trial se entrenó muchas veces en este tipo de terreno con Richard Sainct, vecino de su ex mecánico en Saint-Affrique (departamento del Aveyron). "En la especial de Tan-Tan, se me bloqueó la caja de cambios a 45 km de la meta. Creí que se me acababa el Dakar. Al cabo de más de una hora de espera, apareció mi compañero Marcel Van Drunen y me remolcó hasta la meta. Pero nos caímos unas cuantas veces…" El día siguiente, se quemó un pie por culpa de un tanque de gasolina que perdía. Y en la etapa posterior, volvió a sufrir los caprichos de su caja de cambios, que se trabó y lo obligó a recorrer unos 200 km a una velocidad de 50km/h.

Situado hoy en día alrededor del 30° puesto en la general, Frans sólo desea llegar a la orilla del Lago Rosado. Pero seguramente no se olvidará de la tragedia que sucedió prácticamente delante suyo entre Nouakchott y Kiffa. "Puede ser que se trata de un error de pilotaje. Ví pasar a Andy a toda velocidad, nos adelantó a tope por la derecha, en fuera de pista. Y se cayó varios centenares de metros más adelante. Si bien las circunstancias del accidente no son las mismas, esta tragedia me recuerda la muerte de Meoni. Había ocurrido camino a Kiffa. Yo iba en el pelotón de cabeza y ví al helicóptero aterrizar cerca del cuerpo ensangrentado de Fabrizio…" Frans perdió la sonrisa. Se acuerda de la familia de los motoristas fallecidos y de la familia del Dakar. Y se despide cortésmente, abandonando la sombra y volviendo al sol quemante.
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El principio de una gran historia

Víctor Rivera (n° 39)

Imagínense un joven un poco desidioso, desgarbado y más bien tímido. Instálenlo en una moto medio vieja, la misma que le permitió completar el Dakar 2005, con apenas dos o tres patrocinadores. Pues crease o no, quizá se trate del futuro vencedor de la prueba. Por lo menos ese es el objetivo de Víctor, de 23 años de edad. Este joven oriundo de Caspe, a 100 km de Zaragoza, trabaja en la empresa de transportes de su padre. En esta zona, la economía local depende de las cerezas, los melocotones y la fábrica Adidas. A Víctor le gusta su región, y desde allí tiene planeado partir a la conquista del mundo. Ya lleva disputados dos Dakar, de los cuales terminó uno solo, el año pasado, en 32ª posición. ¿Sus cualidades? Su pericia en temas de navegación. "En una etapa del rally de los Faraones 2005, fui el único que logró leer el road-book. Como los demás se equivocaron todos, la neutralizaron".

Cuando habla, este piloto larguirucho despliega sus interminables piernas. Siempre se toma el tiempo de buscar y de saborear la palabra justa. Y luego se calla. Víctor no tiene nada que vender. Y tampoco tendría tiempo de hacerlo, es demasiado metódico. "En el Dakar, cuando llego, me ducho, como, estudio el road-book y me voy a dormir. En los rallys menos importantes, a veces me tomo toda la tarde para examinar el trazado. Sin darme cuenta, me los aprendo de memoria. Pero en el Dakar, es otra cosa, no se puede".

Este chaval seguramente podría darse a conocer en el gran circo del Dakar, para abordar la carrera con medios más coherentes. "Le bueno sería, nos dice, que formara parte de un equipo profesional. Pero no tengo ningún contacto", nos explica.
Sólo puede contar con su voluntad y una confianza inquebrantable: "Hago lo que sé hacer y cada año, voy mejorando mis resultados". Desde la salida de la prueba, figura regularmente entre los 25 primeros de la etapa. "Por ahora, sigo cogiendo experiencia. Ya tendré tiempo de pelear un lugar en la general".

En un medio en que la norma es conformarse con participar, Víctor sólo piensa en ganar. "Es el acontecimiento que más repercusiones tiene", señala, demostrando cierta hambre de gloria. El camino personal de Víctor hacia una consagración en el Dakar empezó cuando tenía 21 años. En esta su tercera participación, el piloto aragonés asume claramente su ambición: ganar algún día en Dakar. A veces, las grandes historias empiezan de esta forma...