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Etapa 9 - Lunes 11 de enero de 2010 | Copiapo > La Serena

  • Especial 338 km
  • Enlace 209 km

Focus

Solo en el desierto

Siete en la salida, dos en la jornada de descanso y, ¿cuántos en la llegada...? Los corredores que se han embarcado en el rally al volante de un buggy monoplaza McRae se enfrentan a un enorme desafío en este Dakar 2010.

Los siete valientes pilotos que se habían alistado en el Dakar al volante de un buggy McRae eran tipos limpios, guapos, sonrientes y ambiciosos. Esa era la estampa del grupo en Buenos Aires durante las verificaciones. Sin embargo, pronto descubrirían que participar en un rally en un vehículo así no iba a ser precisamente un camino de rosas. El proyecto Buggy McRae 4X2 fue concebido hace unos años por el difunto McRae, que fue sucedido por su hermano Alistair. Faltaba un hombre de confianza, Chris Leyds, que se incorporó a las filas de McRae en 2008, poniéndose al timón del equipo para participar en esta loca aventura al tiempo que se encargaba, personalmente, de pilotar un buggy. Con un motor de Scooter de 3 cilindros y 1500 caballos, este buggy monoplaza de 800 kilos tiene una caja de cambios secuencial. El buggy no tiene embrague, sino únicamente los pedales de aceleración y freno. A priori se trata de un vehículo fácil de conducir con un motor extremadamente maniobrable, aunque algo falto de velocidad. El balance al término de la tercera etapa que desembocaba en Fiambalá era el siguiente: 4 buggys abandonaban la carrera. Uno de ellos por un problema eléctrico, otro por un problema de motor. Mauro Castelnuovo, por su parte, optaba sencillamente por abandonar al considerar que la iniciativa era demasiado descabellada. Al día siguiente, el ex piloto de Moto GP Jurgen Van Den Goorbergh tiraba la toalla debido a problemas en la transmisión...

Quedaban así dos pilotos temerarios, Tim Coronel y Chris Leyds, y cantidad de dunas y problemas por sortear. “Cuando me propusieron el proyecto, sabía que sería una verdadera aventura, que sería algo perfecto para mí", nos explica Tim Coronel, que suma ya tres Dakars, pero que se embarca por primera vez en el rally en solitario. "He de confesar que no esperaba sufrir tanto. Con todo, el buggy está rodando bien en las dunas", dice el neerlandés. Prueba de ello es que Coronel salió último en la especial de Antofagasta y superaba en CP2 tras una larga cadena de dunas (km 79) con el 37º mejor tiempo... "Es divertido conducir en la arena, ¡pero como encalles estás acabado...! Otra dificultad añadida es la que implica estar solo en el vehículo. “Tuve un pinchazo y claro, hay que resolverlo solo, lo cual requiere mucha energía. Reparar un buggy cuando el calor aprieta es agotador. Debí de beber unos 3 litros en cosa de 20 minutos. Y después, cuando falla el buggy estoy sólo, así que no me queda otra que esperar al camión de asistencia, algo que me ha ocurrido ya en varias ocasiones.”

Tras la etapa de Fiambalá, el valiente holandés rara vez ha llegado al vivac antes de que cayera la noche. Durante la jornada de descanso llegó al vivac de Antofagasta ni más ni menos que a las 15h. Sólo le dio tiempo a darse una ducha rápida, comer algo y recuperar unas horas de sueño antes de afrontar el camino de vuelta hacia la capital argentina. "No pienso abandonar. Llegaré como sea a Buenos Aires. Será duro, qué duda cabe, porque es una prueba tanto para el hombre como para la máquina." Preguntado si volvería a intentarlo en el futuro, el piloto responde de la siguiente manera: “No, nunca más. En cualquier caso, no en solitario.”