Etapa 13 - Viernes 15 de enero de 2010 | San Rafael > Santa Rosa
- Enlace 76 km
- Especial 368 km
- Enlace 281 km
Anécdotas
Golpe de calor a la llegada
Eduardo Alan tenía muchas cosas que contar tras su primer Dakar, disputado el año pasado. Llegó al límite de sus fuerzas en una de las etapas más duras de la carrera, que culminó solo y perdido en el vivac de Mendoza bien entrada la noche. Como alma en pena, en medio de cables y carpas en la zona administrativa, trataba de averiguar qué debía hacer para validar la etapa. Ayer, culminó la especial del día bajo un sol de justicia con su compañero Federico Cola. Y no lo hizo precisamente rebosante de energía. Ambos pilotos sufrieron lo suyo a mitad de la especial debido a un problema tonto con la gasolina. “En el km 70, en medio de la especial, tuvimos problemas con los depósitos. Hemos tenido que detenernos varias veces. Hacía un calor espantoso. Yo he tenido problemas con la cadena, que ha saltado y ha perforado el depósito de la parte posterior izquierda,” explica Eduardo. A la sombra de un autobús, Federico pedía agua y después algo de comer. Eduardo se desmayaba. El motorista recuperaba las fuerzas gracias a los ánimos del público: “¡Vamos Eduardo! ¡Vamos!”, gritaban los espectadores al ver al piloto tendido sobre el suelo mientras le refrescaban con agua los servicios médicos. 100 metros más adelante, los 2 compadres paraban para repostar sus vehículos. Federico reparaba como buenamente podía las dos motos. Eduardo accedía a las órdenes del galeno y dejaba que le tomaran la tensión. Los neumáticos o él, ya no sabemos qué es más importante en el Dakar. A las 19h04, los dorsales 138 y 70 reanudaban el enlace hacia San Rafael. Y lo hacían juntos, como en las dunas.
Multitudes en mitad de la nada
Creíamos que las grandes multitudes estaban reservadas para las presentaciones, como la que tuvo lugar en Buenos Aires el pasado 1 de enero, cuando los vehículos desfilan relucientes y todo el mundo luce sus mejores galas. Pero sorprendentemente, en un punto entre Mendoza y San Rafael se dieron ayer cita unas 10.000 personas. Desafiando el polvo y un sol de justicia, algunos llevaban dos días esperando el momento. La arena ya no era un obstáculo para ellos, ni tampoco los matorrales de espinas: en este terreno inhóspito, se imponía la pasión por el Dakar. Cada nube de polvo levantada por los pilotos suscitaba ayer gritos de entusiasmo y carreras para ver de cerca al piloto que se acercaba. Algunos se han desplazado en familia, como los López, Maron o Baltolini: “A mí lo que más me impresiona son los camiones y los Hummer”, nos cuenta el joven Barraco. Los niños pequeños se dejan impresionar por las motos, que llenan sus depósitos tan rápido que apenas les da tiempo a inmortalizarlas en una fotografía. Las tiendas de campaña abundan en las proximidades para protegerles del sol. En los 100 metros especialmente balizados para las entrevistas de televisión, las barreras, como sus custodios, han desempeñado un papel simbólico. El público se agolpa en torno a Carlos Sainz o se precipita sobre el coche de Orlando Terranova. O hace la ola a los dos primeros camiones, los Kamazs de Kabirov y Chagin. Ayer, un auténtico espectáculo se cocía en mitad de la nada.
Dabrowski, recuperado
Hace menos de seis meses, Marek Dabrowski nunca habría imaginado que volvería a participar en el Dakar en la categoría de motos, ni mucho menos que se encontraría en la 36ª posición de la general cuando quedan dos especiales para finalizar esta edición del rally. Una grave lesión en el hombro producida, ironías del destino, en las dunas de Copiapó en 2007, hacía vivir al motorista polaco un auténtico calvario. “Me hicieron una primera intervención pero después se infectó la herida y tuve que someterme a otras cinco intervenciones quirúrgicas. El hueso del hombro estaba necrosado”, recuerda quien terminara en 9ª posición durante el Dakar 2003. Tras numerosas infiltraciones, el piloto convivía con el dolor y no veía la luz al final del túnel. “Fui a que me vieran unos especialistas de Rusia, Austria y Estados Unidos. Parecía que no había solución posible. Pagaba 600€ para que me dijeran que estaba condenado a dejar de competir en motos”. El último intento del piloto fue en junio del año pasado: Montpellier y el doctor Tessier, especialista en la materia. Dos semanas más tarde, el polaco recibía una prótesis de titanio y “dos días después, ya no sentía dolor, ni siquiera tenía que tomar medicamentos”. Curado, Dabrowski ha vuelto a subirse a lomos de su moto y aunque no ha tenido mucho tiempo para entrenar, ha podido tomar la salida del Dakar: “ No estoy a mi mejor nivel pero al menos estoy aquí. ¡Vive La France!”.
Socios en el corazón del Dakar
El Dakar, toda una plataforma de comunicación, ofrece a sus socios una visibilidad mediática de excepción, permitiéndoles llevar a cabo numerosas operaciones para sus clientes. Así, más de 100.000 productos han sido distribuidos en Buenos Aires a los 110 000 visitantes de La Rural o en las proximidades del podio de salida, al pie del Obelisco, donde se dieron cita unos 300.000 espectadores. Son numerosas las empresas, todas ellas de peso, que se han asociado a la prueba: Total, Personal, Arcor, Watts, Accor, Red Bull, Michelín con BF Goodrich, Henkel con Loctite, Red Bull, LAN, …
Volkswagen, gran protagonista debido al excelente rendimiento de sus Race Tuaregs, no se ha equivocado tampoco en el terreno de la comunicación, aprovechando el rally para lanzar su nuevo pick-up: el modelo Amarok. En el desafío logístico al que se enfrenta a diario la organización, el Dakar cuenta también con la colaboración de sus socios: Sodexo sirve 2000 comidas al día, Personal suministra el conjunto de los teléfonos móviles, Total se encarga del combustible y VW de los vehículos de la organización.


