Etapa 12 - Jueves 14 de enero de 2010 | San Juan > San Rafael
- Enlace 23 km
- Especial 476 km
- Enlace 297 km
Focus
El otro equipo de los corredores: la familia
La llegada del Dakar a Sudamérica ha supuesto la confirmación y el desarrollo de una tendencia: la familia que sigue y apoya de principio a fin al corredor. La relación padre-hijo es la más frecuente. Los pilotos pueden así disfrutar de la experiencia del Dakar de una forma diferente. Foto de familia de la edición 2010.
Olivier Pain sabe muy bien cómo se terminan las especiales en este Dakar. No le espera su tiempo o la clasificación, sino su padre. “Le doy una ensalada, algo de beber, voy detrás de él durante todo el enlace por si pasa algo”. Christian Pain, a medio camino entre director deportivo y apoyo afectivo, se define más bien como “asistente confort” para su hijo. Encarna una tendencia cada vez más enraizada en el Dakar: seguir a un corredor en familia, incluso participar en la aventura, como el padre del motorista francés, octavo en la clasificación general. “No tengo un papel preciso, pero siempre hemos estado juntos. Mi presencia aquí le viene bien tanto a él, como a mí”. Christian Pain, piloto de un coche de asistencia, también se encarga del blog del piloto: teamtop-skyblog.
En el caso del joven motorista chileno Claudio Rodríguez, la configuración es la misma, aunque hay una diferencia importante. Claudio viene acompañado por su padre en gran parte por falta de medios. Su equipo, Tamarugal, no contaba con presupuesto para contratar a un mecánico de motos, pero sí para pagar una inscripción. Y así llegó Sergio, que trabaja como operario de máquina en una mina de Copiapó, al Dakar para ocuparse todas las tardes de la moto de su hijo. “Estoy aquí para ayudarle y aconsejarle porque es desordenado: no guarda su casco, se quedaría levantado toda la noche. Me aseguro de que se cuide.” En el campamento de Santiago, este miércoles, a las 4h30 de la mañana, se les ve a los dos desayunando. La Husqvarna está lista. Claudio, vestido con su traje de piloto, toma un café con su padre. Como si estuvieran en casa. Desde hace algunos días, Sergio intenta calmar el ímpetu de su hijo, que ocupa un 34º puesto en la general, segundo chileno, detrás de Chaleco, tras la décima etapa: “Hay que pensar en acabar. Lo más duro ha quedado atrás. La gente ha visto el talento de Claudio. Le puede abrir puertas. Nos hemos sacrificado para que pudiera practicar este deporte.”
Otro chileno, otro dispositivo. Manuel Jamett está solo en el vivaque y en la pista. Sin embargo, cada día, al llegar al campamento, deja su Yamaha y sale. No tiene que andar mucho para encontrar enseguida la pequeña caravana de su familia. “Se queda 2 o 3 horas con idas y venidas al campamento. Hablamos. Le viene bien”, explica Luis Plasencia, de 50 años, su padre, operador turístico en Arica. La delegación de Jammett está compuesta, además, por su hermano Luis, de 13 años, por Roxana, su hermana, de 21, y por Roxana, la madre, de 43, sin olvidar a su tío Juan Carlos que se turna al volante. Pero si el corredor número 129 decide repetir la experiencia el año que viene, se encontrará solo ante el peligro: “Es importante que sea independiente”, comenta Luis.
Aunque predomine la fórmula padre-hijo en el acompañamiento, las opciones son múltiples. Están, por ejemplo, los hijos de Christine y Frédéric Favre que conducen la asistencia de sus padres. La novia de Pal Anders Ullevalseter que acompaña, de campamento en campamento, al segundo de la clasificación general de motos. Por su parte, la familia Patronelli ha movilizado cuatro vehículos para seguir a Marcos y Alejandro. Al igual que el año pasado. Las familias se instalan. Desde luego, los pilotos no se van a quejar.


