Dakar

Pasión por la mecánica

Al igual que los pilotos, los mecánicos de asistencia que se encargan de sus coches en el vivac también se enfrentan a un reto diario.

    La mecánica es una auténtica pasión. Basta con observar la programación de Sam Koopmann y el entusiasmo que transpira por los cuatro costados para convencerse del todo. Este joven inglés, criado en Normandía para más señas, descubrió el Dakar con 19 años de edad como aprendiz del equipo de Antoine Morel, quien le ofreció esta oportunidad para que pudiese atender a las necesidades de los clientes anglosajones. Más adelante, su pericia con el destornillador y la llave inglesa le fue abriendo puertas hasta lograr incorporarse al prestigioso equipo X-Raid, donde el año pasado se centró en el mantenimiento de la BMW X3 de Orlando Terranova, 5.º en la clasificación general y vencedor de la primera etapa de esa edición.
    Entre tanto, Cupido tuvo a bien poner punto y final a este idilio con el equipo alemán y Koopman fue al encuentro de su amada, de su Normandía y del equipo MD Rallye Sport. Ahora afronta su quinto Dakar en esta escudería en la que se siente como en casa, a pesar de que las condiciones de trabajo sean algo más rocambolescas: “En X-Raid, de cada coche nos ocupábamos tres personas, y el jefe nos obligaba a meternos en la cama en cuanto hubiésemos acabado. En cambio, aquí las cosas son distintas. En principio, yo me ocupo del buggy de Pascal Thomasse junto a otro compañero, pero cuando terminamos ayudamos a los demás. Tampoco pasa nada, a mí lo que me gusta es ese ambiente de compañerismo. ¡Si es que en este equipo somos amigos de casi toda la vida!”.

    Como cabría imaginarse, en la escudería de Morel no se mira nunca el reloj y todo el mundo aceptan las jornadas maratonianas sin perder el ánimo: “Al final es fácil. En el primer vivac tuvimos ya nuestra primera noche en vela, porque tampoco hubo que hacer grandes reparaciones en ningún coche, pero desde el primer día de carrera siempre hace falta retocar cosas aquí y allá y el tiempo se pasa volando. Después de colocar bien todo el material, que ya de por sí nos pudo llevar una hora larga, no logré descansar hasta las 7 de la mañana, en el camión que hacía el trayecto hasta el siguiente vivac”, comenta con buen humor Sam a su llegada a San Luis. Con 300 kilómetros por delante para los vehículos de asistencia, este mecánico especializado en situaciones extremas se considera afortunado por haber podido recuperarse un poco: “Estaba cansado, la verdad, pero hemos llegado tan pronto que he podido aprovechar. Ducha, comida y siesta. ¡Menudo lujo!”. Durante ese tiempo, Pascal Thomasse no se durmió en los laureles precisamente: terminó la etapa en 15.ª posición y, a eso de las 16.00, confió a Sam las llaves de su Optimus para otra noche intensiva de taller.









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