Dakar

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020 - Pal Anders, atrapado en las dunas de Nihuil

    Ataviado con una camiseta verde y gorra negra, Pal Anders Ullevalseter luce el semblante tranquilo al que nos tiene acostumbrados. Con todo, no olvidará con facilidad el vivac de San Rafael. “Es la primera vez en 11 Dakares que me veo obligado a abandonar por un problema mecánico. He completado un total de 9 ediciones y he abandonado una única vez como consecuencia de una caída en la que me disloqué el hombro. Pero por problemas mecánicos, nunca…” dice pensativo. El piloto noruego, conocido por su regularidad en la prueba (con la excepción de su 16ª posición el año pasado, desde 2002 se ha colado siempre en el Top 10), ha visto cómo la carrera tocaba a su fin en el km 290 de la especial entre San Luis y San Rafael: “Se me ha roto el motor en mitad de las dunas”, explica de forma sucinta. “He decidido irme de inmediato”. ¿En qué pensaba entonces? “Lo típico. En cómo volver a casa… Haciendo autostop quizás...” Su comentario jocoso oculta la rabia de un piloto que terminó 2º en 2010. Un piloto que se ha despedido del Dakar atrapado en una duna tras etapa y media de competición. Muy lejos de lo que cabe esperarse de un piloto de su talla. “El Dakar es el Dakar”, nos dice al alejarse con su camiseta verde y su gorra negra…

    David Malartre: “Lo peor es la sensación de defraudar a los demás”

    Al resguardo del sol, en la unidad médica de la llegada, David Malartre va recuperando poco a poco el color, al tiempo que asimila que su Dakar ha tocado a su fin. El culpable, el “vapor lock”: en otras palabras, lo que ocurre cuando la gasolina hierve en los depósitos, pasa a fase gaseosa y deja de alimentar el motor. Y sin gasolina, claro está, uno se agota en seguida en las dunas. Hasta el punto de tener que recibir asistencia médica…

      “Todo marchaba bien hasta la llegada de las dunas”, relata el responsable de servicios generales de la empresa Focal, ubicada cerca de Saint-Etienne. “Cuando me disponía a atacar el segundo cordón, la moto se ha calado como consecuencia de un vapor lock. He intentado coronar la duna en cuestión al menos 5 veces, pero me ha resultado imposible sortearla en esas condiciones. He optado entonces por desenroscar la tapa del depósito para refrigerarlo, pero nada, no ha funcionado: el motor seguía borboteando y en esas condiciones no hay manera de avanzar. Con todo, habré recorrido cosa de 2 km así, después me he caído una primera vez por falta de potencia y una segunda porque se ha calado el motor. He tenido que emplearme a fondo para salir de esa trampa de arena. He acabado extenuado pero he conseguido avanzar otros 2 km hasta venirme abajo del agotamiento. Poco después llegaban los médicos, me auscultaban y me decían que estaba casi totalmente deshidratado, que no podía continuar en ese estado pues podría volver a caerme y hacerme daño. Prometí a mi mujer y mis hijos antes de salir que no asumiría riesgos innecesarios, así que he aceptado que me evacuaran hasta la meta, con mucho dolor de corazón eso sí. Ha sido año y medio de trabajo y de sacrificios para poder participar en mi primer Dakar y apenas ha durado dos días… Es duro, durísimo. Y lo peor es la sensación de haber defraudado a quienes siguen mi aventura, mi familia, mis amigos, quienes me han acompañado en las sesiones de entrenamiento…” Le asoman las lágrimas y se le quiebra la voz. “¡Pero volveré, de eso no hay duda! Y de todas formas, mi Dakar no termina aquí, voy a continuar con la asistencia para echar un capote a Bruno Bony, un buen compañero. Dije que llegaría a Valparaíso y eso haré. Aunque no como había soñado…”

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      059 - Brett, la tapa, la lucha y los “malles-motos”

        La primera parte de la jornada de ayer brindó a los pilotos unas pistas muy rápidas que Brett Cummings, en concreto, disfrutó de lo lindo, llevando su KTM hasta los 155 km/h tras tomar la salida en San Luis. A la que no le gustó tanto, sin embargo, fue a la tapa de su depósito: “Creo que ha saltado de tanta vibración”, explica el piloto sudafricano. Tras terminar 43º en su primer Dakar, el año pasado, Brett Cummings aspiraba a colarse en el Top 20 este año. La pérdida de su patrocinador le llevó a una nueva condición, la de los llamados “malles-motos” o, lo que es lo mismo, motoristas sin asistencia. “Es una cuestión económica, pero también una apuesta por vivir una aventura propia de los orígenes del Dakar.” Con su periplo de ayer entre San Luis y San Rafael, Cummings pasa a engrosar la lista de anécdotas que construyen las leyendas, grandes y pequeñas, del Dakar. Tuvo que rodar con un único depósito porque el otro se le había llenado de arena y valerse de los espectadores como asistencia improvisada para obtener la gasolina necesaria para recorrer los últimos 25 kilómetros de la etapa. “Lo más duro es que solo hablo inglés,” explica bajo un sol de justicia. “He perdido 30 minutos y me han terminado adelantando los quads que había adelantado yo previamente. Ahora tengo la concentración puesta en encontrar una tapa. Es el Dakar, ya se sabe. Una lucha sin cuartel.”

        Como en casa

          El año pasado Bernard Chaubet sorprendió a todo el mundo. Su Mitsubishi 4x4, salido de su taller tras cientos de horas de trabajo, cruzó la línea de meta final de Santiago (en 87ª posición), algo más que loable teniendo en cuenta que nunca antes se había enfrentado a la arena. Inscrito de nuevo en el desafío, este apasionado del Dakar vivió ayer un día tan emocionante como estresante: “Lo he disfrutado a lo grande porque me encantan estas pistas. Se parecen mucho a las que frecuento en Ariège, el departamento en el que vivo, así que me he sentido muy cómodo,” relata Bernard en el vivac de San Luis. “He pilotado muy bien, de hecho creo que he ganado una treintena de posiciones con respecto a mi posición de salida. Ahora bien, le he dado bastante caña al coche, así que he tenido un pequeño susto. Al llegar al vivac me he dado cuenta de que se me había roto una pieza a la altura del triángulo de la dirección. He encontrado una solución, gracias a mis amigos de Epsilon, que me van a facilitar un recambio, pero lo cierto es que de no ser por ellos mi Dakar podría terminar aquí. Una posibilidad en la que no quiero ni pensar, así que a partir de ahora forzaré menos la máquina.”









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